JOSÉ MARTÍ DESDE EL EXILIO

DR. EDUARDO LOLO

Director del Sitio en la Internet del CCP

A más de siglo y medio del nacimiento de José Martí, se reafirma la solidez del juicio de Gabriela Mistral al calificar la obra del patriota cubano como una “mina sin acabamiento.” Los estudios sobre el corpus martiano, luego de un tímido inicio estando Martí vivo todavía, se han multiplicado proporcionalmente al tiempo transcurrido desde entonces. A veces se trata del resultado de una nueva lectura de obras conocidas; otras, del descubrimiento de una pieza olvidada que explica o ilumina trabajos anteriores o pasajes de su propia vida. Críticos e historiadores encuentran siempre una veta inexplorada o poco conocida que reafirma o complementa lo que se sabía, pone de manifiesto algo desconocido, o confirma lo que era hasta entonces sólo intuición o conjetura. El punto de partida puede ser una nueva óptica interpretativa,  una crónica desempolvada, un suelto noticioso que había pasado inadvertido, una nota al margen de un libro, o una simple dedicatoria –aparentemente convencional– por más de un siglo agazapada llena de sentido entre las tapas de un viejo librito. En todos los casos, se trata de un cavar profundo que se ha extendido por varias generaciones. Dieron los primeros golpes de pico e historia sus amigos y discípulos directos. Han seguido el esfuerzo estudiosos y admiradores a más de un siglo de distancia y de nacionalidades múltiples. El final es casi siempre luz. Lo cual no es nada raro tratándose de un hombre que dedicó su vida y su talento a combatir las sombras.

Dada la importancia de Martí en la formación de Cuba como nación, no es de extrañar que la bibliografía martiana cubana supere cuantitativamente las de otras nacionalidades. Hay en ello mucho de deuda y homenaje, pero también de búsqueda existencial: ir a Martí se ha convertido en el camino más propicio de los cubanos para entenderse a sí mismos en tanto que piezas agónicas de un pueblo cuyo devenir histórico se encuentra indisolublemente ligado a la obra martiana. En efecto, la historia de Cuba en el último siglo se ha debatido entre un construir y un destruir del ideario forjado por el genio de Martí. Él ha sido el punto de partida espontáneo o constreñido de las fuerzas del amor y del odio –en todas sus aristas políticas– que han determinado la vida de la Isla desde su época hasta el presente. Usado y abusado a la par por parcialidades antagónicas y excluyentes, lo salva siempre su propia obra. Ciertos personajes, por medio de los más rebuscados malabarismos ideológicos, han venido intentando –demagogia en ristre– una lectura ‘al revés’ de los textos martianos, como puede apreciarse en la mayoría de la bibliografía martiana oficial de la Cuba del totalitarismo. Pero la verdad es sólo verdad al derecho; al final, en un recodo de la mina hasta entonces desconocido –u oficialmente escamoteado– , viene a su rescate un texto recuperado, un estudio de estreno, o una nueva forma de ver más profunda que termina haciendo trizas la demagogia. Porque es el caso que la verdad tampoco tiene acabamiento.

La bibliografía martiana del exilio de la Cuba castrista ha sido un elemento fundamental en esa misión de rescate señalada. El fenómeno sólo puede entenderse cuando se analizan en conjunto la propia naturaleza del destierro y las características de la obra martiana, en convergencia donde tal parece que se igualan tiempos disímiles gracias a la analogía de sueños y principios, éxitos y frustraciones. Martí, de nuevo lejos de Cuba, se acercaría más a Cuba. Como si el preferido arroyo de la sierra sólo pudiera verse a través del mar.

 

EXILIO E INTELECTUALIDAD

El exilio, como trágica experiencia humana, no es una actividad nueva ni puede circunscribirse a una raza o cultura en especial. En realidad, el exilio es tan antiguo como el sentimiento que lo promulga –el odio estatuido– y la fuerza que lo impone –el poder omnipotente. La intensidad punitiva del destierro obligatorio ha sido asociada, desde la Antigüedad, hasta con la misma muerte. Ya Diógenes señalaba cómo el exilado estaba muerto para su Patria; Publilius Syrus calificaba al exiliado como “un cadáver sin sepultura”; para Shakespeare el exilio era, simplemente, muerte.

Pero el hombre es paradoja viva, aun muerto. Y los muertos vivientes del exilio de todas las épocas han asombrado a sus verdugos con una tenaz permanencia en la tierra de donde fueran expulsados. Todas las lágrimas del desarraigo –sin importar tiempos, culturas o latitudes– tienen el mismo grado de amargura; pero también toda la luz de una misma esperanza. Y de esa esperanza que –ya lo señaló Esquilo– sirve de alimento al desterrado, nacen y se desarrollan aportes inconmensurables a la tierra que le es negada a todo exiliado. El proceso es sumamente complejo y escapa a los objetivos centrales del tema de este análisis, pero creo entreverlo en la pregunta que hiciera Horacio: “¿Qué exilado de su país escapó de sí mismo?” Como el cubano exilado no puede escapar de sí mismo, se mantiene intrínsecamente en Cuba dondequiera que vaya. Permanece en Cuba no por estar en Cuba, sino por ser en Cuba. Su Cuba personal –que es mucho más que una suma de nostalgias– lo acompaña a todas partes como elemento esencial de su propia naturaleza; vuelve tórridas las nieves del norte, hace Caribe el Pacífico lejano, pinta de Habana a Bruselas, Londres, París. O extiende la isla toda noventa millas al norte de la historia prostituida. Hay tantas Cubas como cubanos exiliados. La imagen gigantesca de todas ellas puede ser descrita con solo dos palabras: Patria y Dignidad.

El registro permanente de esa Cuba –múltiple y única a la vez– más allá de los pechos sangrantes de tiempo, se debe a la labor constante y solitaria de los intelectuales cubanos exilados. La obra de los escritores del exilio pudiera dividirse en varias etapas, perfectamente delimitadas según las edades con que salieron de Cuba los creadores involucrados y el momento histórico de su éxodo privado. A manera de simplificación pudieran establecerse dos grupos fundamentales de escritores cubanos en el exilio: el integrado por aquellos intelectuales ya del todo formados como tales en Cuba, y el de quienes, por razones cronológicas y/o profesionales, vinieron a convertirse en escritores fuera de la Isla. Ambos grupos, a su vez, pudieran subdividirse de acuerdo al momento en que iniciaron sus respectivos viajes hacia nuevas dimensiones sin patria pero sin amo. Cada uno de los grupos y subgrupos resultantes ha tenido su propia cuota de angustia, su asfixia privada. Y, conviviendo con esa particularidad, otras angustias y asfixias comunes a todos los grupos. Aunque también éxitos y reconocimientos, logros y metas alcanzadas en todos los órdenes.

El grupo inicial de escritores cubanos exilados (integrado por intelectuales en funciones antes de salir de Cuba en los años sesenta) es, sin lugar a dudas, el que tuvo que enfrentar las mayores dificultades. Hay que recordar que en esa época el mensaje castrista, con toda su carga de demagogia y verdades a medias, era el preferido por lo mejor de la intelectualidad internacional del momento. Los ‘tontos útiles’ (y algunos nada tontos) tenían control casi absoluto de publicaciones y casas editoriales, becas y otorgamientos de premios. La Habana de la década del 60 se convirtió, por obra y (des)gracia de la mitificación de la prensa internacional cómplice, en la meca de la intelectualidad latinoamericana. Y Miami –como símbolo y centro del exilio cubano–, según la misma óptica, en el refugio de ‘gusanos’ derechistas y conservadores, pugnando contra la historia.

Embarcación usada por balseros cubanos Sin embargo, a pesar de tener que desarrollar sus labores intelectuales en medio tan hostil, aquellos escritores cubanos llegados adultos al exilio en los años sesenta, no cejaron un solo momento de presentar a sus pares y al mundo las medias-mentiras que había implícitas en las medias-verdades castristas. Disidentes en Cuba, continuaron siendo tales en los medios intelectuales extranjeros. Pero siempre con una Cuba, nostálgica o real, en la mira de sus trabajos y esfuerzos.

Oleadas de destierro posteriores seguirían (con las debidas excepciones que confirman la regla) el digno ejemplo de esos primeros intelectuales cubanos exilados. El mismo camino transitarían (también con sus excepciones, claro está) los llegados niños a las playas del exilio o simplemente nacidos de este otro lado de la historia. Se diversificaron las edades, los tiempos, las nostalgias; pero la dignidad histórica presente en la actitud y el trabajo de la mayoría de ellos siguió siendo una misma.

Afortunadamente, muchos de esos intelectuales lograron ocupar, en los medios académicos norteamericanos, las cátedras hispanas que habían formado, mayoritariamente, otros exilados precedentes: los españoles republicanos. Y desde tales cátedras, incomprendidos y solitarios (cuando no vilipendiados), han mantenido viva la luz de la verdad y la esperanza cubanas; una Isla siempre viva en medio de la angustia.

Tal incorporación de los intelectuales cubanos a los medios académicos norteamericanos habría de propiciar un desarrollo de la crítica literaria nunca antes alcanzado en nuestra historia. En efecto, de todos los sub-géneros conocidos, la crítica literaria había sido el menos cultivado incluso durante el medio siglo que, a duras penas, logró sobrevivir la Primera República de Cuba. La larga noche castrista continuaría ese legado de desidia con el agravante de condicionar la crítica literaria (como toda obra artística) a los requerimientos propagandísticos de una cultura dominada por un estado totalitario.

Debo aclarar, sin embargo, que el destacado cultivo de la crítica literaria por los intelectuales cubanos exilados no puede achacarse únicamente a la mencionada incorporación de éstos a funciones académicas. En realidad, no todos los cubanos desterrados que han cultivado el sub-género en las últimas décadas se han encontrado activamente asociados a labores educativas. Más allá de los conocidos requerimientos académicos relacionados con las carreras pedagógicas de nivel universitario, hay una razón que no puede ser circunscrita a condicionantes externos. La misma puede ser identificada en esa ya señalada Cuba personal (y colectiva a la vez) que lleva todo exilado como preciado equipaje pecho adentro. En efecto, tal permanencia de la Isla lejana en sitio tan cercano provocó un desusado hurgar en su representación más firme: la obra literaria. Conociendo más a Cuba a través de la obra de sus escritores, los intelectuales cubanos exilados lograron mantenerla viva más allá de sus nostalgias y añoranzas personales. La Cuba individual y del ‘hoy’ perdido y usurpado, se transformó en una Cuba colectiva de múltiples ‘hoy’ recuperados. Prácticamente ninguna obra importante ni ningún autor vigente ha quedado fuera de las investigaciones, análisis e interpretaciones de los críticos literarios cubanos del exilio. El intelectual cubano exilado, ante la pérdida física de su Cuba contemporánea, respondió con la recuperación crítica de todas las Cubas posibles: las vividas, las perdidas, las soñadas, y también, por qué no, las por venir.

Tal recuperación, en el campo de la crítica literaria en especial, presenta en la actualidad cientos de obras editadas en múltiples países. Conocidas y prestigiosas casas editoriales han visto incrementado su renombre con la publicación de muchas de ellas. Otras, de nueva fundación, se han hecho conocidas y han alcanzado su prestigio gracias, precisamente, a la inclusión de los trabajos investigativos de los críticos literarios del exilio cubano.

La constante labor de estos estudiosos de la literatura, aunque no homogénea en cuanto a su alcance y calidad literaria se refiere, ha recorrido direcciones múltiples. Cada una de ellas ha perseguido objetivos específicos que complementan los objetivos generales ya apuntados. Entre tales direcciones cabe destacar la que conduce a los escritores que, por la convergencia de sus obras y el período histórico que les tocó vivir, son considerados pilares fundamentales en la formación de nuestra nacionalidad. En efecto, tal parece que yendo a las raíces propias de la cubanía, los críticos literarios del exilio han intentado tanto profundizarla como mantenerla viva en los más disímiles entornos culturales. Entre los escritores de tales características más estudiados por nuestros críticos se encuentran los mejores poetas, novelistas y ensayistas de los siglos XVIII y XIX. Y muy en particular –no podía ser de otra forma– José Martí.

Los historiadores cubanos del exilio tampoco se han quedado detrás en la cantidad y calidad de estudios martianos publicados, sacando a la luz documentos olvidados o ignorados que, debidamente ubicados en su contexto, han ayudado a hacer más nítida la vida del hombre, sin cuya imagen sería imposible comprender a cabalidad su obra. Es más, en muchos casos resultaría imposible delimitar la frontera entre crítica literaria e historiografía en la bibliografía martiana del exilio. En efecto, una reafirma o introduce la otra, complementándose mutuamente en la formación de un todo integral semejante al mismo legado martiano. Por lo anterior es que no sería exagerado sostener que resultaría absurdo hacer ningún nuevo intento de estudios martianos sin tomar en cuenta muchas de las obras publicadas sobre el tema por críticos e historiadores exilados. Múltiples son las razones que han determinado semejante caudal (y calidad) de estudios martianos escritos y publicados fuera de Cuba en el período castrista. Sin que el orden implique jerarquía, identifico tres móviles esenciales:

1)      La importancia única de la obra martiana dentro de la cultura cubana y su ya señalada condición de “mina sin acabamiento”. Incluso la Primera República dejó como herencia un importante cúmulo de estudios sobre la vida y la obra del Maestro.

2)      La constitución del llamado “Centro de Estudios Martianos” por parte del gobierno castrista a fin de implementar lo que Carlos Ripoll llamó con precisión “la falsificación de Martí en Cuba”. Y

3)      La convergencia de principios y la similitud de las condiciones históricas que propiciaran el exilio martiano y el de sus estudiosos de un siglo después.

Algunos serían autores que ya desde la Primera República venían dedicándose a los estudios martianos; otros comenzarían sus esfuerzos en el exilio. Los hay que han centrado sus trabajos en el campo de la historiografía, los más en el de la crítica literaria o la filosofía. Unos han desafiado las nieves, y otros los calores madrileños o floridanos, en busca de un local la mayoría de las veces ya inexistente, una playa sobreviviente sólo en versos, o un folio amarillento. No pocos recorrerían los pasos martianos, descubriendo sus huellas en lugares tan distantes entre sí como la universidad de Zaragoza, un parque caraqueño donde hay una estatua que parece que se mueve, o junto a un humilde panteón en un cementerio guatemalteco. Entre todos demostrarían que la verdad, acosada por la mentira, se torna entonces más verdad aún. Y no era de esperarse otra cosa: son los autores de la bibliografía martiana del exilio, cuyos alcances trataré de resumir en las siguientes páginas.

 

VIDA QUE ES OBRA

La Primera República de Cuba dejó como legado algunas biografías de Martí de gran calidad. Supongo todos recuerden Martí, el Apóstol (1933) de Jorge Mañach, así como Martí, místico del deber, de Félix Lizaso, y Martí, hombre, de Gonzalo de Quesada y Miranda, estas últimas de 1940. En el exilio han aparecido, al menos, dos biografías que muy bien pueden emular a los ejemplos anteriores. Martí, ciudadano de América (1965) de Carlos Márquez-Sterling (cuya primera versión aparecería en 1942 con el título de Martí, Maestro y Apóstol) y El Hombre de la Rosa Blanca. Nueva biografía de Martí (1976), de Alberto Baeza Flores. Márquez-Sterling sería una de las figuras más importantes en la Primera República, al que se asociará por siempre con la Constitución de 1940 y el malogrado intento de salirle al paso democráticamente a dos dictadores en pugna. Baeza Flores, aunque chileno de nacimiento, fue también tan cubano que hasta salió al exilio con los demás isleños una vez pisoteado del todo el ideario martiano por el castrismo. Ambos, aunque partiendo de los intentos precedentes, logran una lectura nueva y diferente de las anteriores y entre sí; la del legislador, más política; la del bardo, más poética, naturalmente.

Un intento biográfico sumamente interesante lo constituye Martí y su obra (1970) de Emeterio S. Santovenia y Raúl M. Shelton. Con esta obra póstuma de Santovenia (se publicó dos años después de su muerte) no estamos en presencia de una biografía tradicional y profunda como los ejemplos anteriores. Está dividida en tres partes, la primera de las cuales es la biografía propiamente dicha, a cargo de Shelton. La segunda está formada por un grupo de ensayos ‘condensados’ de Santovenia, publicados en sus versiones íntegras con anterioridad. La tercera es una breve –aunque muy juiciosa– selección de textos martianos. Pretende esta obra, por lo tanto, concentrar en sí tres aproximaciones a su objeto de estudio: la biográfica, la crítica y la antológica. La edición se encuentra bastante ilustrada, con algunas imágenes a color, entre las que se destaca la reproducción a toda página de un retrato de Martí de Félix F. de Cossío.

Otra obra de objetivo biográfico fuera de lo tradicional es Trayectoria de Martí (1967), de René Armando Leyva. El libro, de menos de 200 páginas de formato pequeño, intenta recorrer la vida de Martí teniendo como elementos fundamentales los propios textos del biografiado. El resultado final es una como ‘forzada’ autobiografía que, además del dato histórico, propicia la lectura del propio personaje. Resulta interesante notar que esta obra utiliza los mismos textos martianos seleccionados anteriormente por Leyva en la confección de una colección de discos (4 en total, de los llamados “long playing”) que, en su empeño por divulgar la obra de Martí, la puso al alcance de personas con impedimentos físicos para la lectura y la industria radiofónica.

El espíritu de Martí (1973), de Jorge Mañach, es la edición póstuma de un grupo de conferencias que dictara el conocido ensayista y biógrafo de Martí en la Universidad de La Habana en 1951. Forman el volumen nueve conferencias (o “clases magistrales”, como las llama la prologuista, Anita Arroyo) que de alguna forma complementan su conocida biografía de Martí. Mañach regresa aquí a algunos temas ya tratados o esbozados en Martí, el Apóstol, a los cuales se aproxima con más información o un enfoque nuevo, según el caso. Como lector me pareció una meditación sobre su propia obra, algo así como la recuperación de lo que se le quedó en ‘el tintero’ en 1933 ya fuese por las exigencias del género, la falta de información u otra razón que se lo impidiese. Aunque Mañach no preparó la edición de las conferencias como texto para ser publicado en un libro, puede apreciarse la alta calidad artística de su prosa en cada una de ellas por separado. Considero este volumen el seguimiento ideal a la lectura de Martí, el Apóstol.

Íntimamente ligada a la biografía como género puede ubicarse la cronología, de uso práctico por parte de escritores y educadores. La de Jorge Quintana, titulada José Martí. Cronolía Biobibliográfica (1965), tiene el valor añadido de las referencias bibliográficas que completan cada una de las entradas. Éstas pueden referir el evento fichado lo mismo a un texto martiano que a uno crítico, o hasta a un documento histórico, según el caso; todos ellos debidamente identificados, hasta por página. Resulta interesante notar que la cronología comienza con el matrimonio de los padres de Martí y no termina hasta el 3 de junio de 1951, en que sus restos fueron depositados en el mausoleo donde actualmente se encuentran. Creo que esta obra, por su alta calidad y el tiempo que lleva de publicada, merece ya una segunda edición.

Cronología Martiana. La Ruta Apostólica de José Martí (1853-1895), de Delfín Rodríguez-Silva, apareció en 1996. El propio autor lo considera “un trabajo periodístico” cuyo objetivo es servir de estímulo a la lectura de las biografías de Mañach, Máquez Sterling y otros. Como su título lo indica es una cronología, pero ampliamente documentada y con un resumen al inicio de cada capítulo. Su principal fuente de información es la obra de Márquez Sterling y aparece bastante ilustrada. Desafortunadamente, una de las fotos reproducidas (página 237) es un montaje que no se identifica como tal en el pie de grabado, por lo que podría crear alguna confusión o mala interpretación. No obstante ello, como obra de consulta resulta muy útil para comprobar o investigar aspectos de la vida de Martí en meses y años específicos.

Otros autores centrarían sus investigaciones y sus obras en temas biográficos parciales. Así, por ejemplo Daniel Román, en Los seis grandes errores de Martí (1993), trata de aplicar los conocimientos de su especialidad fundamental (la sicología) a la historiografía. Basado en tal aplicación, Román llega a la conclusión de que la muerte de Martí en Dos Ríos fue un suicidio motivado, fundamentalmente, por lo que considera su desdicha amorosa. La raíz de semejante infelicidad se encuentra, según el autor, en el hecho de que Martí no se casara con María García Granados, inmortalizada por el propio poeta como “la niña de Guatemala”. Para Román el matrimonio del joven José Martí con Carmen Zayas Bazán se debió a lo que él llama una “conspiración” familiar, al tiempo que su relación con Carmen Miyares no pasó de un “consuelo”. El autor también juzga la polémica de La Mejorana (en base a lo poco que se conoce de ella) y da la razón a Maceo. El libro todo intenta conjurar lo que Román considera como un encumbramiento de Martí que ha degenerado en su endiosamiento, en detrimento de otros personajes históricos sumamente importantes en la historia de Cuba. El ensayo se caracteriza, como todo acercamiento sicológico en que el sicólogo no puede contactar directamente al objeto de su estudio, por un alto grado de especulación en sus conclusiones. De ahí que pueda ser motivo de más de una polémica. No obstante ello, estamos en presencia de un texto ameno que, haciendo hincapié en lo que considera errores humanos de Martí, pretende acercarlo al lector común en tanto que ser humano.

José Martí en el exilio (1991), de Andrés D. Puello es un folleto donde el autor hace un sumario de los hechos más sobresalientes de la vida de Martí fuera de Cuba. Recibió el Primer Premio en un concurso literario convocado por el Instituto de Cultura Hispánica de Houston y aparece con un prólogo de Rubén D. Rumbaut. El folleto contiene varias ilustraciones, aunque desafortunadamente los textos al pie de algunas de ellas tienen errores. Lo más destacado es el poder de síntesis del autor.

Ocho estrellas y dos héroes (1983), de Marino Pérez Durán, intenta establecer un paralelismo entre Bolívar y Martí. Aunque no aporta elementos nuevos o desconocidos en las biografías y las obras de los personajes tratados, su “evocación” simultánea de ambos próceres (para utilizar la denominación que emplea el propio autor) resulta de una alta calidad literaria que hace del libro una lectura amena y sugestiva. La admiración y el respeto de Martí por Bolívar son elementos más que conocidos; hasta qué punto nacieron de rasgos más allá de coyunturas políticas, es algo sobre lo que esta obra llama la atención.

José M. Fernández es un pastor evangelista que decide incursionar en la historiografía. Su obra, José Martí y su pensamiento. Primer Volumen. Filosofía (1991), más que un estudio del pensamiento martiano en el campo de la filosofía (como podría inferirse del título) es un análisis interpretativo de la historia de Cuba que va desde mucho antes de Martí hasta la más reciente historia del exilio cubano en la Florida. No parece un ensayo escrito siguiendo un plan académico, sino un fluir de ideas, recuerdos y lecturas no siempre en un orden que permita su utilización como obra de consulta. Personalmente considero que su mejor lado surge cuando toma forma de memorias de los últimos tiempos del batistato y principios del castrismo, con su extensión al exilio. Al final se anuncia un segundo volumen titulado Fundamento, pero desconozco si se llegó a publicar o no.

De cara al sol. Los últimos momentos del Apóstol José Martí (1976) del Dr. Jorge A. de Castroverde y Cabrera es casi un folleto. Tuvo una primera versión como Moción presentada en el X Congreso Nacional de Historia de Cuba celebrado en La Habana en 1953 y publicada el mismo año por la Revista Carteles. Esta versión definitiva incorpora más detalles y documentos de la época. Se trata del trabajo de un especialista en odontología forense que intenta recrear, como anuncia el título de su trabajo, los últimos momentos de Martí. Según su hipótesis, Martí no fue mortalmente herido a caballo, sino que fue cobardemente rematado en tierra al ser herido en el muslo y caer del caballo, que se habría desbocado a resultas de haber sido, también, herido. Su teoría llamó tanto la atención de los asistentes al mencionado congreso que se acordó “el nombramiento de una Comisión Técnica, que estudiando los motivos aportados en el trabajo presentado por el doctor Castroverde se trasladen (sic) de ser posible al lugar de la Acción de Dos Ríos, y procuren (sic) llegar a conclusiones definitivas para el esclarecimiento de la verdad Histórica”. No tengo noticia de que llegara a materializarse dicho acuerdo.

También basado en la vida del Apóstol podría considerarse el ensayo de Fidel Aguirre, El magnetismo de José Martí (1984). El autor, quien es médico, procura explicar la personalidad carismática de Martí utilizando las herramientas de su profesión. Este trabajo analiza, en base al pensamiento martiano y los datos aportados por sus biógrafos, aspectos sicológicos y hasta parasicológicos que, según el investigador, determinarían lo que llama “el magnetismo” de la personalidad martiana, ya identificado en su tiempo por Horatio S. Reubens. La factura del libro, lejos de ser para especialistas, pretende llegar al lector común, lo cual considero logra plenamente. Independientemente de las ideas de cada cual con relación a la aproximación que propone, es un texto que presenta puntos de vista no comunes que vale la pena explorar.

De características semejantes se pudiera juzgar El Martí no conocido (1984), de Rosa Blanca Perera. Este pequeño libro intenta llamar la atención sobre las ideas martianas en el campo del esoterismo y el espiritualismo. Parte no solamente de lo escrito por el mismo Martí al respecto, sino de la interpretación esotérica de algunos de sus textos. Se trata de un intento polémico para quienes no aprecien mucho las ciencias ocultas, aunque de primer orden para aquellos que piensen lo contrario.

Martí, una estrella alta y luminosa (1998), de Raúl F. Pino, permite ubicarse en el mismo campo, sólo que aquí el género en que el autor explora el misticismo martiano no es el ensayo, sino un relato novelesco en el que un diálogo de personajes que remeda el Ariel va desarrollando el tema. Uno de los personajes (huelga decirlo) es el propio Martí. Según uno de los prologuistas, “no es posible desdeñar la cualidad testimonial del presente libro. El autor nos muestra un Martí que él mismo ha conocido a través de sus experiencias espirituales, que se iniciaron en su infancia y se continúan en el presente.”(10). Dado mi escepticismo o ignorancia con relación al espiritismo, no me considero apto para expresar ningún comentario con relación a la objetividad (o su carencia) de esta obra.

Florencio García Cisneros fue uno de los más importantes estudiosos cubanos de Artes Plásticas de la segunda mitad del siglo XX. Más allá del campo teórico, dirigió galerías de arte en Cuba, Venezuela y los Estados Unidos, donde organizó más de un centenar de exposiciones. También fundó y/o dirigió importantes publicaciones periódicas dedicadas a las artes plásticas y colaboró con otras no menos importantes. A la confluencia de su profesión y su martianismo se deben dos obras fundamentales que llaman la atención sobre lo que Martí y él tenían en común: ser críticos de arte. Aunque en Martí fue solamente una faceta más de su creación, dada la cantidad y calidad de los trabajos suyos publicados dentro del campo de la crítica artística no es de extrañar que éstos hayan llamado la atención a todos los que se han adentrado en el estudio de su obra. José Martí y las Artes Plásticas (1972) es una antología de críticas artísticas martianas que cubre desde 1875 hasta 1895. Resulta interesante la pequeña introducción del propio García Cisneros, en que intenta una reseña biográfica de Martí en base a su ‘profesión’ de crítico de arte. El propio autor continuaría con el tema algunos años después con José Martí y la pintura española (1987). Esta segunda compilación de García Cisneros es una selección, con algunas notas o comentarios, de los escritos de Martí sobre la pintura española en particular creados entre 1879 y 1882.

La temática martiana en la obra de García Cisneros terminaría, sin embargo, rebasando el campo de las artes plásticas. En La muerte de José Martí. Versiones y discrepancias de Máximo Gómez (1994) el autor intenta esclarecer los últimos tiempos de vida de José Martí. Se trata de una antología de cartas y otros documentos que, de la forma en que se editan y comentan, como que hacen responsable a Máximo Gómez “en gran parte” (53) de la muerte de Martí, personajes a quienes el autor considera “antípodas” (10). Sus juicios negativos sobre Gómez parecen, a veces, injustificados o simplemente especulativos. Personalmente creo que se magnifican las diferencias entre ambos próceres y se le atribuyen a Gómez intenciones que no siempre se hallan documentadas.

La muerte indócil de José Martí (2005), de Miguel Fernández, considero que constituye el trabajo más completo, documentado y objetivo que se haya publicado hasta ahora sobre el todavía polémico hecho histórico que anuncia el título. Siguiendo una secuencia que me atrevo a calificar de “rashomonesca”, Martí cae una y otra vez del caballo, a veces ya muerto, otras herido; ora perseguido por la muerte, ora persiguiendo la muerte misma. Es más que evidente el paciente trabajo de investigación desarrollado por el autor para justificar su denuncia de que la historia oficial de la muerte de Martí se ha inclinado más a verificar hipótesis que a esclarecer los acontecimientos que la rodearon.

En todos los casos reseñados, ya sea a través de aproximaciones esotéricas, personales, políticas o historiográficas, se llega a la misma conclusión ya expresada en una vieja canción conocida: que “Martí no debió de morir”. Pero, ¿habrá muerto del todo?

 

OBRA QUE ES VIDA

La obra martiana, lo mismo en el campo político que en el literario, ha sido objeto de investigación tanto de críticos literarios como de historiadores. Su pensamiento, como quiera que presenta por su naturaleza ideológica y su hechura literaria un campo propicio para ambas especialidades, ocupa la mayor parte de los estudios sobre su obra. Algunos de los autores que se adentrarían en el tema ya lo venían haciendo desde Cuba; otros se incorporarían a la extracción de la mina martiana en el exilio.

Entre los primeros, no creo que nadie haya sido más productivo que Roberto D. Agramonte, quien publicaría en el exilio Las doctrinas educativas y políticas de Martí (1991), Martí y su concepción de la sociedad: Teoría general de la sociedad (1979) y Martí y su concepción del mundo (1971). Agramonte –personaje histórico él mismo– se encuentra entre los estudiosos de Martí que más han logrado profundizar en el pensamiento del Apóstol. Su obra suele asociarse a las de Mañach y Lizaso, de quienes fue más o menos contemporáneo. Entre los tres lograron continuar y ahondar el camino de los estudios martianos comenzado por quienes habían conocido a Martí personalmente. Trabajando a la par aunque en direcciones no necesariamente semejantes, trataron de penetrar e interpretar tanto como les fue posible el pensamiento del Maestro en todos los ámbitos, no por razones de forensia histórica, sino a fin de explicar (o explicarse a sí mismos) el pensamiento de quien se consideraba un eslabón fundamental de la cubanía. Según ellos había que entender a Martí para entender a Cuba; no tanto la lograda, llena de defectos precisamente por su ignorancia del ideario martiano, como la por lograr. Agramonte, como Mañach y Lizaso, acude a Martí para intentar la enmienda de una república que le dolía. Y aunque Mañach sería el más conocido gracias a la calidad literaria de su obra, el alcance de los estudios de Agramonte no lo es menos. Además, de los tres sería quien escribiría más sobre Martí en el exilio. En efecto, aunque sus investigaciones, interpretaciones y conclusiones venían gestándose desde Cuba (fundamentalmente desde la cátedra docente en la Universidad de La Habana) sería en Puerto Rico donde llegaría a completarlas. Tuvo la suerte de que su llegada a la isla hermana coincidiera con el nombramiento de un equipo altamente profesional al frente de la Universidad de Puerto Rico que supo apreciar su talento. Allí, como parte del Centro de Investigaciones Sociales, no solamente completó su trabajo de análisis e investigación de la obra de José Martí, sino que hizo aportes destacados en el estudio de Montalvo y la sociología como ciencia.

La obra martiana de Roberto Agramonte intenta (y a mi juicio logra en gran medida) la sistematización y ordenamiento racional del pensamiento de José Martí que su propio generador no pudo –o no intentó– completar. El ideario martiano, desperdigado sin método aparente en cartas, discursos, crónicas y hasta poesías o simples apuntes, merecía una ordenación temática que viabilizara su lectura e interpretación. A ello se dedica Agramonte, aportando una rigurosidad lógica a la recepción del legado ideológico de Martí de la que, en sentido general, se carecía antes de sus trabajos.

Claro que Agramonte no pudo hacer ese reordenamiento lógico de toda la obra martiana, sino que se concretó a los elementos que más podrían coadyuvar a un rescate de la República. De ahí que se centrara en los conceptos más relacionados con la sociedad, el hombre y la cultura. Y aunque por razones cronológicas los estudios de Agramonte no pudieron servir profilácticamente a una reivindicación de la Primera República, pueden jugar un papel fundamental en la construcción de la Segunda. Sus libros, hoy prohibidos por el castrismo, pueden convertirse en herramienta histórica de primer orden para las nuevas generaciones de cubanos que tengan a su cargo la construcción de una república que finalmente sea “con todos y para el bien de todos”. Ya no hay justificación para no comprender el ideario martiano por falta de un sistema racional o rigurosidad lógica. En cuando a los temas seleccionados por Agramonte, éste aportó a la obra martiana el sistema y la lógica que se le ‘olvidaron’ a Martí. Y abrió el camino para hacer lo mismo con el resto del pensamiento del Apóstol.

Entre los que lo han intentado en el exilio después de Agramonte, nadie ha llegado tan lejos como Humberto Piñera Llera (hermano del famoso dramaturgo Virgilio Piñera). Su Idea, sentimiento y sensibilidad de José Martí (1980) presenta la herencia de Martí a partir de un meticuloso estudio filosófico de las propias palabras del Apóstol, que Piñera glosa, amplía, interpreta o ilustra. El autor, con amplio dominio de la Filosofía, utiliza las complejas herramientas de dicha disciplina para meditar sobre el legado martiano, que el propio Piñera identifica como producto fundamental de la meditación. Así, al meditar sobre lo meditado, añade al corpus que analiza su reacción en tanto que lector de altas posibilidades interpretativas, las cuales le permiten aclarar, justificar o ensanchar los textos seleccionados gracias al uso selectivo de la vasta cultura del autor. En ese sentido, a la importancia del trabajo en sí por su objeto de estudio, hay que añadirle la que se desprende de las eruditas ‘disgresiones’ o ‘ilustraciones’ que hace Piñera para justificar o dar solidez a su interpretación. Éstas, por sí solas, podrían constituir una lectura ejemplar para los interesados en el tema de la filosofía como ciencia.

En el campo del pensamiento filosófico en particular hay dos obras que merecen ser mencionadas. La primera de ellas es Martí y la filosofía (1974), de Wilfredo Fernández. En ella su autor hace un recuento de las diversas corrientes filosóficas en la época de Martí y de sus relaciones con cada una de ellas; lo que acepta y lo que rechaza; lo que suscribe o censura. Sin embargo, llega a la conclusión de que Martí, a pesar de ser un gran pensador, nunca llegó a la categoría de filósofo ya que, según su análisis “carecía de ordenamiento y método” (7-8), señalando más adelante que “... su pensamiento no tiene la suficiente rigurosidad lógica, ni hay sistematización, sino motivación” (9), acusándolo de no guardar “un curso de ordenación temática ni de continuidad lingüística” (9). Por todo ello es que lo considera un ideólogo y no un filósofo.

Tomás G. Oria es el autor de la otra obra sobre el pensamiento filosófico martiano que quería destacar. Se titula Martí y el Krausismo (1987) y se concentra en la relación del pensamiento martiano con la corriente filosófica identificada en el título. La obra se divide en dos partes: la primera está dedicada a definir el krausismo como movimiento filosófico y sus características en España; la segunda intenta identificar las ideas del krausismo en Martí, mediante una lectura selectiva de sus textos. El ensayo se caracteriza por una explicación clara y concisa, a la par que profunda. Es el mejor trabajo sobre el tema que conozco.

Otras obras intentan analizar el legado ideológico de Martí tomando como elementos de estudio dimensiones más reducidas o especializadas. Un ejemplo de ello es El pensamiento social de José Martí: Ideología y cuestión obrera (1993) de Juan E. Mestas. Como su título indica, constituye un análisis selectivo de un tema en especial dentro del amplio ideario martiano. Lo que más se destaca, es su intento de colocar cada una de las facetas del pensamiento obrero del Apóstol dentro de su contexto histórico. Según su autor, es un trabajo que “más que catalogar a Martí o buscarle parecido con tal o cual ideología” (14) se propone comprenderlo. En ese sentido, creo que cumple su cometido.

Eugenio Sánchez Torrentó, en El hombre de La Edad de Oro está vivo (1967) estudia el pensamiento pedagógico de Martí en La Edad de Oro (1889). Para ello analiza el contenido de los diversos trabajos publicados en la revista, llamando la atención sobre las ideas martianas con relación a la formación intelectual, ética, estética y moral de los niños americanos. El Epílogo plantea la vigencia del pensamiento pedagógico de Martí y establece una relación entre los postulados martianos y el exilio de la Cuba castrista (de ahí la aseveración del título de que Martí está vivo). El autor, dedicado a la pedagogía de manera profesional, presenta un trabajo de marcada intención didáctica, dirigida más bien a los maestros que pudieran utilizar los textos infantiles de Martí en el aula. De ahí que no parezca incongruente una sección final (a manera de Anexo) titulada “Temas de trabajo escolar”, donde el autor sugiere actividades a desarrollar con los estudiantes.

José Martí: el Educador (1997), de Gloria R. Portuondo, desarrolla, en sentido general, el mismo asunto, aunque amplía los textos martianos analizados más allá de La Edad de Oro. La educación fue uno de los temas sobre los que Martí volvió una y otra vez a todo lo largo de sus años de actividad intelectual. Y no era de esperarse otra cosa, pues puede ser la profesión a la que más tiempo se dedicó de manera oficial, desde su juventud hasta poco antes de su muerte. La Portuondo hace un resumen de esas ideas, comenzando con las desarrolladas ejemplarmente en La Edad de Oro hasta otras más explícitas en discursos, cartas y artículos. Así, resume las críticas martianas a la pedagogía de la época y hasta a la metodología imperante. La autora llama la atención sobre cómo Martí apoyó la enseñanza rural, las escuelas de artes y oficios, la enseñanza universal y obligatoria y el kindergarten, en una época en que solamente unos pocos educadores se atrevían a darles un apoyo total a lo que entonces se consideraban reformas no convencionales.

Luis Conte Agüero, en José Martí y la oratoria cubana (1959), se concentra en la condición de tribuno de Martí. La obra es la versión final de la tesis de grado para doctorarse que presentó el autor en la Universidad de La Habana y que fuera editada en una versión inicial en la Revista de la Universidad en 1955. En realidad se trata de una historia de la oratoria política cubana del siglo XIX, ya que comienza mucho antes de Martí y la termina con los tribunos que le siguieron.

Martí, traductor (1996), de Leonel Antonio de la Cuesta, analiza los resultados de los trabajos martianos en el campo de la traducción. Como es sabido, el genio polifacético de Martí, unido a sus necesidades económicas, lo hizo incursionar muy seriamente en ese mundo del traspaso de lenguas, que en él fue más bien una transferencia de ideas y sentimientos. De la Cuesta hace un pormenorizado inventario de las traducciones de Martí conocidas y sus ideas al respecto.

La mujer en Martí. En su pensamiento, obra y vida (1999), de Onilda A. Jiménez, sigue otros estudios que tratan el tema de Martí y la mujer, entre los cuales habría que destacar Mujeres en Martí de Gonzalo de Quesada y Miranda, La niña de Nueva York de José Miguel Oviedo, y La vida íntima y secreta de José Martí, de Carlos Ripoll. Sin embargo, La mujer en Martí no es una repetición o actualización crítica de las obras anteriormente señaladas. Todas (y otros muchos trabajos más) le sirven de base y substrato, pero tanto la concentración del material seleccionado, como la organización del flujo analítico, y la óptica prevaleciente en el ensayo de Onilda A. Jiménez, le dan vida propia, distanciándolo de sus precedentes en tanto que los complementa. En sentido general, es de señalar que mientras los intentos previos se basan, principalmente, en el análisis de documentos, testimonios y sus interpretaciones, el de esta autora tiene como base analítica esencial la propia obra del Maestro, sin por ello desdeñar su entorno histórico y sus antecedentes ideológicos y literarios. De la lectura de este ameno ensayo se destaca que la mujer en la obra de Martí fue, en realidad, una mujer múltiple de faces diversas: idealizada unas veces, frustrante otras, pero siempre amada. Este libro complementa los estudios anteriores señalados por muchas razones, pero particularmente por ser una mujer quien lo hizo. Aquí no se trata de un hombre que examina lo que otro hombre dijo de la mujer; es una mujer que analiza esa imagen femenina múltiple y compleja de la obra de José Martí pudiendo –por su propia naturaleza– hallar patrones de comparación con solo mirarse en un espejo o hurgar en su alma propia. De ahí que, más allá de todas las consideraciones intelectuales implícitas en este tipo de ensayo, me atreva a conjeturar la posibilidad de que Onilda A. Jiménez, al analizar la visión de la mujer en la obra martiana, haya experimentado en el intento el raro privilegio de haber tenido un atisbo de sí misma a través de la pupila del Maestro.

Conversatoria entre José Martí, Friedrich von Hayek y Michael Novak, tres enamorados de la libertad (1994), de Lillian D. Bertot, es una ponencia académica que se propone comparar el pensamiento martiano con las ideas de von Hayek y Novak. La autora llama la atención sobre las coincidencias y discrepancias entre los tres pensadores.

Martí y nosotros (1966) es la publicación en forma de folleto de una conferencia que dictó Jorge Zayas, entonces director del periódico Avance, en el Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, el 28 de enero de 1966, en Miami. Se queja de lo poco conocido que es Martí en los EE.UU. y destaca su labor periodística, haciendo hincapié en cómo su ejemplo puede ser seguido por los exilados de la Cuba castrista.

Otra actualización más trabajada aún se encuentra en Martí frente al comunismo (1966), de Rafael Esténger. Mucho antes de los trabajos de Carlos Ripoll al respecto, esta obra constituye una sólida denuncia de las mentiras implícitas en la ‘asociación’ de Martí con el castrismo.

El único José Martí. Principal opositor a Fidel Castro (2000), de Ismael Sambra, constituye un caso especial dentro de la bibliografía martiana del exilio. El ensayo, aunque publicado en España en el 2000, fue escrito en Cuba en el entorno de 1995 ¡y en la prisión! Su autor, más conocido por su poesía, era uno de los presos políticos cubanos que conmemoraron el Centenario de la Muerte de Martí tras las rejas. Ese año, muchas fueron las actividades celebradas en el presidio político para recordar la caída en combate del Apóstol. Sambra llevó a cabo una evocación personal, aunque no solitaria. Como él mismo reconoce, fueron varias las personas que se encargaron clandestinamente de extraer de la prisión –venciendo el miedo– las hojas manuscritas de su ensayo a medida que lo iba escribiendo; ¡hasta algunos de sus carceleros lo ayudaron! Una vez liberado por presiones internacionales y en el exilio, logró sacar el libro de Cuba (como quien saca secretos de estado) y hacerlo llegar a un editor. Se trata de una lectura interpretativa de textos martianos, pero llevados por Sambra a su actualidad de hombre encarcelado por precisamente seguir el ideario del Apóstol (entre las pruebas de cargo que se llevaron los policías que registraron su casa el día que lo detuvieron, estaba un libro de Martí con pensamientos subrayados).De ahí que el ensayo devenga en testimonio y denuncia, en contrapunteo del Martí ‘oficial’ engendrado ‘por encargo’ en el mal llamado Centro de Estudios Martianos de La Habana. Ismael Sambra, quizás sin proponérselo, terminó escribiendo un libro sobre la historia de Cuba contemporánea, al que de seguro acudirán algunos historiadores futuros encargados de investigar los años 90 en la Cuba de Castro; pues su obra, más que un estudio en el sentido convencional del término, es el reflejo de las meditaciones de un preso político del totalitarismo, sólo que compartiendo su celda con José Martí, de nuevo en presidio.

El poeta Ángel Cuadra es también un conocido preso político cubano que ha escrito sobre el Apóstol. Su José Martí: análisis y conclusiones (2000) recopila lo que originalmente fuera una serie de artículos periodísticos. Analiza, como anuncia el propio autor, “los aspectos políticos, ideológicos y éticos de Martí, como basamentos funcionales, y actualizables, del posible futuro nacional cubano”. Consta de seis artículos numerados y un séptimo con el sugestivo título de “José Martí y el poema vital”. El libro lo cierra un poema: “Lamento a José Martí en la glosa de la trova popular.”

Un caso también único es el de La guerra de Martí (1984) de Pedro Roig. Se trata de una concisa historia, profusamente ilustrada, de la última Guerra de Independencia Cubana. Es un texto didáctico de lectura agradable cuyo contenido cubre desde los preparativos por los cubanos exilados en los EE.UU. hasta la intervención estadounidense y el Tratado de París. Supera a otros intentos similares por la forma en que destaca en la narración lo que sucedía en España y en los EE.UU. mientras se libraban los combates en Cuba. Aunque Martí ‘desaparece’ en el tercer capítulo, queda claro que todo lo que siguió a su muerte fue ‘su’ guerra, de ahí que no tenga yo reparos en incluir este libro dentro de un trabajo dedicado a la bibliografía martiana del exilio. Pero lo que hace esta obra un caso sui generis, es que su autor peleó en la guerra de Martí… seis décadas después. Pedro Roig formó parte de la Brigada de Asalto 2506 que en 1961 invadió Cuba para tratar de liberarla del totalitarismo impuesto por el hijo de uno de los soldados de Valeriano Weyler. Su heroísmo entonces no fue menor que el de los expedicionarios cuyas vidas en la manigua describe. Por lo anterior es que puede afirmarse que estamos en presencia de un historiador que, aunque lejos en el tiempo de los hechos estudiados, los narra con conocimiento de causa. Él estuvo allí, en las mismas circunstancias y por razones semejantes.

Martí conspirador (1985) de Eladio Alvarez Ruiz y José Albuerne Rivera tiene como período de estudio un lapso muy parecido al de la obra de Pedro Roig. Aquí, sin embargo, lo más importante no es el dato histórico y su contexto internacional, sino las constantes comparaciones entre la metodología martiana y la de otros dos conspiradores famosos: Robespierre y Lenin. Esta aproximación, única en toda la bibliografía martiana estudiada para la confección de este trabajo, convierte este pequeño ensayo (menos de 100 páginas) en una pieza fuera de lo tradicional, sumamente sugestiva. En el fondo, por lo que de Robespierre tiene Lenin, entendemos mejor por qué todo parangón entre el martianismo y el leninismo no es más que un retórico (y malintencionado) ejercicio de demagogia.

Es también de destacar en el campo de la historiografía 24 de febrero de 1895. Un programa vigente (1995) de Jorge Castellanos. Publicado una década posterior a los dos últimos ejemplos, vuelve sobre el tema de las similitudes históricas y el incumplimiento del ideario martiano en la Primera República. Castellanos pretende demostrar, por vía de sus interpretaciones históricas, que los objetivos del programa martiano pueden cumplir una función fundamental incluso en la actualidad. Y por supuesto que sus conclusiones deben tomarse en cuenta. Pues, en definitiva, la Guerra de Martí no ha concluido todavía.

 

LITERATURA QUE ES OBRA Y VIDA

La labor literaria martiana ha sido una de las más investigadas y analizadas por los críticos cubanos del exilio. Su legado en este campo ha sido estudiado por géneros, categorías y obras individuales. Así, por ejemplo, Martí el poeta (1999) de Ricardo R. Sardiña, además de ofrecer un bosquejo de la vida y la labor literaria de Martí, hace un estudio de su poesía toda analizando características tan específicas como la estructura del verso, el acento rítmico, la concepción y antecedentes de la metáfora martiana, etc. Llama la atención en esta obra que en su tercera parte reproduce prácticamente toda la obra poética de Martí, con breves notas introductorias que complementan el estudio de la segunda parte, por lo que además de estudio es edición, en un solo volumen.

José Olivio Jiménez y Leopoldo Barroso, en José Martí. Poesía y existencia (1983) y Ensayos sencillos. En torno a la poesía de José Martí (1992), respectivamente, también concentran sus estudios en la poesía martiana. Aunque a diferencia de la obra de Sardiñas no reproducen más que los fragmentos poéticos que les sirven de ilustración, sus análisis son de una profundidad crítica tan marcada que los hace sumamente productivos en una clase de literatura donde se estudie a Martí. Jiménez volvería sobre este texto, ampliando el análisis genérico y creando una de las obras de crítica literaria martiana más importantes de todos los tiempos: La raíz y el ala. Aproximaciones críticas a la obra literaria de José Martí (1993). Jiménez une sus sólidos conocimientos filosóficos a su profunda erudición literaria en un estudio, producto de años de cimentación, que resulta hoy indispensable en la biblioteca de todo martiano.

Gastón J. Fernández y Juan Alberto Hernández Chiroldes, en Temas e imágenes en los Versos Sencillos de José Martí (1977) y Los Versos Sencillos de José Martí. Análisis crítico (1983), respectivamente, se concentran en ese conocido poemario en particular, obra que analizan a profundidad utilizando las herramientas de la crítica moderna. Se trata de estudios de nivel académico que, no obstante ello, apelan a todos los lectores, y con todo éxito.

En Mar de Espuma. Martí y la Literatura Infantil (1995) hago un estudio de todos los textos de La Edad de Oro y su marco histórico. El ensayo es un desprendimiento de mi tesis doctoral, producto de años de análisis e investigación literaria e histórica. Con él intenté analizar lo que La Edad de Oro (en su totalidad) representó para la Literatura Infantil de su época en base a su militancia estilística modernista, con especial interés en el esclarecimiento de sus fuentes y estructuras estéticas. Este ensayo fue vital para completar, años después, mi edición crítica de esta obra martiana que publicó Ediciones Universal, de Miami, en el año 2001.

Claro que Martí y los niños es un tema que el exilio venía tratando desde mucho antes. Leopoldo Barroso y Oscar Fernández de la Vega se encuentran entre los primeros que se dedicaron al estudio de la literatura infantil martiana desde el punto de vista histórico y literario, realizando innumerables investigaciones de campo y analizando los textos martianos para niños con la seriedad de todo análisis literario moderno. Aunque para mí lo más admirable en este terreno han sido los intentos de hacer llegar la obra infantil martiana a los niños hispanos de los EE.UU. de finales del siglo XX y principios del XXI; que es decir, aquellos esfuerzos tendientes a mantener a Martí como escritor vigente. Además de las re-ediciones del texto íntegro de La Edad de Oro (entre las cuales los críticos destacan, para mi satisfacción, la edición crítica de Ediciones Universal ya nombrada), hay muy buenas ediciones parciales, con ejercicios interpretativos y otras actividades, como las preparadas por Bibi Arenas. O intentos de mantener ‘vivo’ el esfuerzo martiano, como La Nueva Edad de Oro, editada en Miami en los años 90 por un grupo de desprendidos entusiastas dirigidos por Arnhilda Badía. Entre esos esfuerzos quiero destacar, sin embargo, el que quizás sea el más modesto de todos: Martí, mi amigo (1999) de Lilia Bustamante. Se trata de una biografía de Martí, preparada para los niños, que concluye con una antología de textos infantiles martianos. Es una breve obra profusamente ilustrada, tanto por famosos pintores como por infantes, de exquisita factura. Tiene como antecedente la Vida de Martí (1934) de Rafael Esténger (reeditada en el exilio en 1965), pero mientras el texto de Esténger es mucho más extenso y dedicado a niños pre-adolescentes (y ya adolescentes), el de Bustamante se dirige a infantes más pequeños y sigue el patrón de libros para niños de la actualidad, donde el elemento visual es tan importante como el textual. Tiene, además, el incentivo extra de la breve selección de escritos martianos ya señalada. Por estar dirigidas a niveles infantiles diferentes, ambas biografías se complementan, por lo que sería útil ir pensando en una nueva reedición de la de Esténger, fuera del mercado desde hace mucho. Mientras, Martí, mi amigo es un libro que no debe faltar en ninguna casa de hispanos donde vivan niños.

Buena parte de la bibliografía martiana del exilio la forman, sin embargo, compilaciones, tanto individuales como colectivas. Se trata de colecciones de ensayos, en sentido general publicados previamente en periódicos o revistas, que luego se recogieron en un volumen. No todas han logrado el sentido de unidad que hace de una colección de este tipo una obra con personalidad propia, pero sí han terminado cumpliendo el objetivo fundamental de toda compilación: reunir en una sola publicación lo que, desperdigado y mezclado con otros elementos, corría el riesgo de perderse. Algunas de las compilaciones colectivas son memorias de congresos dedicados a Martí, entre las que cabe destacar José Martí ante la crítica actual. (En el Centenario del Ismaelillo.) (1983) y José Martí en el Centenario de su Muerte. Círculo: Revista de Cultura. Número Extraordinario. (Vol. XXV, 1996). Ambas recogen las ponencias presentadas en los congresos del Círculo de Cultura Panamericano (CCP) dedicados a los centenarios de la publicación del Ismaelillo y la muerte de Martí, respectivamente. Una lectura de los índices de ambos libros sorprende por la cantidad de especialistas martianos que el CCP logró reunir en sus eventos: prácticamente están presentes todos los estudiosos de Martí en ejercicio en las dos últimas décadas del siglo XX, exceptuando a los asociados directa o indirectamente con el gobierno castrista. Algunos de los ensayos presentados en forma de ponencia se convertirían después en libros; otros parecen ser la ampliación o resumen de obras anteriores, por sus propios autores; en todos los casos se trata de trabajos que se caracterizan por la seriedad de su investigación previa y la calidad literaria de su confección. Otra compilación colectiva es Repensando a Martí, la cual recoge las ponencias presentadas en una actividad académica organizada por el Cuban Research Institute de la Florida International University (FIU) en un volumen publicado con el copatrocinio de la Cátedra Poética “Fray Luis de León” de la Universidad Pontificia de Salamanca. Aparecen ensayos de estudiosos martianos de varias nacionalidades, pero fundamentalmente cubanos. Los trabajos responden a temas tales como la trascendencia y vigencia de José Martí.

Las compilaciones individuales no son menos importantes. Rosario Rexach es autora de dos de ellas: Estudios sobre Martí (1985) y Nuevos estudios sobre Martí (2002). El primero, con prólogo de Gastón Baquero, reproduce en su primera parte una colección previa, publicada en Cuba 1954 y que el gobierno castrista trató de escamotear, y reúne en la segunda nuevos ensayos sobre Martí escritos en el exilio. Median, entre una parte y otra, no sólo tres décadas, sino también la distancia entre el dolor referido y el pesar conocido, entre el homenaje optimista y la historia repetida. En la primera parte, la autora es un producto tangible del martianismo –aunque incompleto– de la primera República de Cuba. Escribió la segunda parte una seguidora de Martí en el exilio por la traición absoluta de ese ideario estudiado. Martí es el mismo e iguales las pupilas que lo escudriñan, sólo que en la segunda parte éstas están humedecidas. La Rexach escribe sobre Martí en Nueva York y en España porque ahora es ella quien vive desterrada, como el objeto de sus investigaciones e interpretaciones, en esos lugares. Así, estudia al Apóstol andando sobre sus huellas en la nieve neoyorquina, palpando en los muros antiguos de Madrid la superficie de los muros habaneros de su infancia y juventud. La segunda compilación martiana de la profesora Rexach publicada en el exilio (con una introducción de quien esto suscribe) recoge los trabajos sobre el Apóstol escritos luego de 1985, fundamentalmente en el entorno de 1995. Así, completa Rexach un ciclo martiano que va de Centenario a Centenario y, por la fecha de publicación de su último libro, próximo al 150 Aniversario del Natalicio del Apóstol. Teniendo en cuenta que El carácter de Martí y otros ensayos fue publicado en 1954 y la última colección de estudios martianos en el 2002, con Rosario Rexach estamos en presencia de medio siglo de extracción continua, a fuerza de pluma y dignidad, de la “mina sin acabamiento” de que hablaba Gabriela Mistral. No conozco de otra mujer que haya extraído de tan hondo (y por tanto tiempo) de las insondables galerías martianas.

La fuente inagotable (1995), de Gastón Baquero, es una compilación de artículos y ensayos del conocido poeta que cubre casi medio siglo (1945-1993) de quehacer periodístico. La primera parte está dedicada a recoger trabajos sobre Martí; la segunda presenta las opiniones del bardo sobre otros escritores. Las piezas dedicadas a Martí (14 en total) son, en realidad, meditaciones de un poeta sobre otro poeta. Se caracterizan por una alta carga lírica sin menoscabo de la objetividad crítica; no en balde Baquero es uno de los mejores poetas cubanos del siglo XX.

Otra compilación individual de alto calibre es Ser y esencia de Martí (2000), de Octavio R. Costa. Recoge 40 piezas, entre ensayos, artículos y monografías, escritos entre 1940 y el 2000; que es decir, en un lapso de 60 años. Excepto una monografía que abre el libro, el resto de los trabajos habían sido publicados con anterioridad en la prensa periódica. Llama la atención, sin embargo, la unidad en el análisis e interpretación martiana del autor a lo largo de 6 décadas. Desde los más antiguos trabajos hasta los más recientes, presentan la misma intención histórica y una intensidad semejante en su forma de acercarse a los textos o a la vida del Apóstol. No es por gusto que Jorge Mañach escribiera que Octavio R. Costa, más que historiador, era un ensayista. Pero un ensayista que aventaja a muchos en el dominio de la síntesis; algo poco común entre sus pares. En efecto, Costa es capaz de desarrollar en unas tres cuartillas lo que a otro les tomaría 10 ó 20. Su larga carrera periodística tiene mucho que ver con ello; pero creo que el factor determinante es su asombrosa capacidad para decir mucho con poco, y con una alta calidad literaria; la mayor parte de los trabajos recogidos en este libro lo atestiguan. Aunque Costa ha escrito magníficas biografías y ha publicado otras compilaciones de gran calidad, personalmente considero que Ser y esencia de Martí sigue muy de cerca a Variaciones en torno a Dios, el Tiempo y la Muerte (1987), posiblemente su obra maestra. Pero no hay en ello nada raro: dado el objeto de estudio de esta compilación y la trayectoria vital de Costa, no era de esperarse otra cosa: en definitiva si una conclusión se saca de la lectura de este libro es que, para Octavio R. Costa, Martí terminó siendo ser y esencia de su propia vida.

Enrico Mario Santí es el autor de otra compilación destacada: Pensar a José Martí. Notas para un Centenario (1996). Es interesante notar que algunos de los trabajos que la forman fueron escritos originalmente en inglés; sin embargo, nada en la lectura denuncia proceso de traducción alguno. Tal parece que al ser el mismo autor (magnífico escritor en su lengua materna) quien se encargó de las versiones en español, más que traducciones termina presentándonos los ‘originales’ (más sentidos que pensados, y mucho menos expresados) de donde las versiones en inglés no habrían sido más que un ‘desprendimiento’ por necesidades inherentes a sus respectivos contextos (conferencias a impartir ante un público mayoritariamente anglosajón). Ya en un plano más objetivo, es de señalar que los ensayos que conforman esta colección se caracterizan por ser fieles al título: Santí ‘piensa’ a Martí, que no es lo mismo que interpretarlo. Del hombre toma la idea, la procesa y ¿continúa?. No se verá en estos trabajos, por lo tanto, ‘refrito’ de obras anteriores, pues no se piensa lo pensado. Santí parte y cita o se refiere a otros trabajos, por supuesto, pero sólo como elementos que reafirman (o contradicen) su ‘pensar’ a Martí. Tal independencia los hace, como es de suponerse, vulnerables: tratándose de Martí, todo pensamiento individual que se aparte o contradiga el pensamiento colectivo cimentado por más de un siglo, se hace polémico –cuando no blasfémico–, y corre el peligro de saturarse de subjetividad. Particularmente difiero de algunas de las conclusiones de Santí y quedé muy preocupado por su información, que de metáfora se tornó en horror, relacionada con los restos de Martí. Los mejores ensayos son, por supuesto, los que toman la literatura como materia prima principal, ya que en ellos el autor se mueve en su campo de especialidad. Pero todos se caracterizan, independientemente del grado de aceptación o rechazo de los lectores, por un alto nivel literario que los hace una lectura placentera y estimulante. En definitiva el autor, al ‘pensar’ a Martí, nos invita a un activo proceso similar, incluyendo el ‘pensar’ a Enrico Mario Santí.

José Martí: la invención de Cuba (2000), de Rafael Rojas, es otra compilación que reúne trabajos disímiles de una alta calidad artística. Su contenido, sin embargo, a veces entra en contradicciones o presenta marcadas omisiones referenciales, determinadas, al parecer, por la formación del autor bajo la dictadura castrista. Editada a poco de salir Rojas al exilio, tal parece que algunos de los ensayos de esta compilación fueron creados en Cuba para ser publicados en las prensas gubernamentales (las únicas existentes en el país); o que, de haber sido escritos fuera de Cuba, el autor no tuvo tiempo para ‘desintoxicarse’ del Martí falsificado por la propaganda gubernamental cubana. En todo caso, la colección da la impresión de que Rojas desconoce los aportes a los estudios martianos de destacadas figuras del exilio tales como Roberto Agramonte, Humberto Piñera Llera o Carlos Ripoll (quienes trataron antes que él algunos de los temas de su libro), al tiempo que cita o se refiere frecuentemente a conocidos falsificadores de Martí en Cuba y otros autores extranjeros miembros de la legión de ‘tontos útiles’ que apuntalan al castrismo en el exterior. Me pregunto cómo habría sido la versión de estos ensayos si Rojas los hubiera podido revisar con más tiempo luego de su salida de Cuba, libre de hacer sus investigaciones no solamente en la bibliografía permitida por el gobierno cubano o la izquierda extranjera cómplice. Las dudas que tiene con relación a la Cuba soñada por Martí, han sido ya más que aclaradas por Agramonte, Piñera, Ripoll y otros martianistas del exilio (y desde mucho antes, como lo atestigua una lectura de Medardo Vitier o de algunos trabajos seminales publicados en el Archivo José Martí durante la Primera República). Dado el talento literario del autor, es de esperarse trabajos más sólidos y objetivos en un futuro; todo depende de cuán rápidamente complete el proceso de desintoxicación histórica que debemos pasar todos los que vivimos en la Cuba de Castro durante la etapa de formación, aun los que nos enfrentamos al sistema dentro del país. El caudal de falsificaciones y desinformación de la prensa y los programas de estudios castristas en el campo de las humanidades es tal, que nadie puede mantenerse del todo inmune a sus deformaciones y omisiones. La óptica y la bibliografía de apoyo de la mayoría de los ensayos recogidos en José Martí: la invención de Cuba, lo hacen un ejemplo típico.

En la colección Después del rayo y del fuego. Acerca de José Martí (2003) recojo un grupo de mis ensayos sobre la obra martiana que, aunque publicados en su mayoría en revistas académicas y otras colecciones, no habían sido recogidos nunca en un mismo volumen. La crítica ha sido muy bondadosa con esta nueva compilación de mis estudios martianos, repitiendo el éxito de mis entregas anteriores. Este mismo trabajo es una ampliación y actualización de uno de los ensayos ahí publicados.

Mención aparte merecen los esfuerzos editoriales por dar a conocer la obra literaria de Martí a los lectores actuales, en continuación del esfuerzo que comenzara a principios del siglo XX Gonzalo de Quesada y Aróstegui, discípulo y albacea literario del Maestro. En ese sentido, son muy populares las colecciones de pensamientos debidas al trabajo de selección de martianistas tales como Adalberto Alvarado, Carlos Ripoll, Homero Muñoz y Húbert Jerez Mariño. Otras selecciones llegan a la categoría de antologías literarias, algunas por géneros. En este grupo son de destacar la Antología Mayor de Carlos Ripoll y José Martí. Ensayos y crónicas, de José Olivio Jiménez, ambas de 1995, así como Camino de Dos Ríos (1966) de José L. Massó, Raíz y ala (1979) de Anita Arroyo y José Martí. Antología Crítica (1968) de Susana Redondo de Feldman y Anthony Tudisco. Martí y Puerto Rico (1970) es otra antología sumamente interesante. Preparada por Carlos Alberto Montaner en base a los textos martianos relacionados con la Isla del Encanto, se trata de una antología multigenérica, sin llegar a ser mayor. Otra selección de alta calidad la constituye Con todos y para el bien de todos: el pensamiento político y social de José Martí (2003), preparada por Laura Ymayo Tartakoff, donde queda probado el culto a la libertad, la democracia y el respeto a los derechos humanos presentes en la obra martiana.

Una referencia especial merece La Edad de Oro, de hecho la obra individual de Martí más conocida gracias, entre otros factores, a la labor crítica y editorial del exilio. Esta obra para niños ha tenido varias ediciones publicadas por editoriales de cubanos o por el concurso de cubanos trabajando en otras editoriales. Algunas son ediciones parciales; otras reproducen el texto en su totalidad, incluyendo la edición crítica de Ediciones Universal ya mencionada, en la cual tuve el cuidado de copiar también todo el material gráfico seleccionado por Martí para la edición príncipe; copias que en algunos casos pude hacer de los originales decimonónicos que pude encontrar en mis investigaciones.

Hay igualmente muy serios intentos de hacer llegar la obra martiana a los lectores anglosajones, como la edición bilingüe de los Versos Sencillos de Manuel A. Tellechea, de 1997, o la colección también bilingüe (pero que incluye prosa), Pensamientos y versos de Martí (1991), de Luis C. Villaverde y Alcalá Galiano. Hay otros trabajos menores que persiguen el mismo objetivo, como la edición de “Los Zapaticos de Rosa” traducida por Leopoldo Barroso. Esta traducción (publicada en 1991) tiene el valor añadido de las notas de Barroso; en realidad un estudio conciso del poema, estrofa por estrofa, no por breve menos profundo.

Las más ambiciosa de esas reediciones martianas han sido, sin embargo, la publicación en 4 volúmenes de las Obras Completas de José Martí por la Editorial Lex (1964) que había aparecido en sólo 2 tomos en La Habana años atrás, y la Enciclopedia Martiana publicada en Miami en 1975, con varios volúmenes ilustrados. Hasta algunas obras fundamentales de los estudios martianos de la Primera República han sido reeditadas en el exilio, como prueba del nexo entre semejantes esfuerzos y los del destierro. Sirven de ejemplo las reediciones de obras de Gonzalo de Quesada y Miranda, Jorge Mañach, Guillermo de Zéndegui, Rafael Esténger y Rafael Lubián y Arias, entre otros. La Primera República de Cuba, a pesar de su abrogación, no ha desaparecido del todo. Tal parece que, junto con los hombres y mujeres que decidieron vivir sin Patria pero sin amo, también salió al exilio.

 

CARLOS RIPOLL Y LA EDITORIAL “DOS RÍOS”

Como se habrá podido apreciar hasta ahora, es alto el número de autores cubanos del exilio que han escrito sobre Martí. Algunos ya eran famosos antes de que sus obras martianas se publicaran fuera de Cuba; otros se agigantarían padeciendo el destierro. Pero entre ellos se destaca un nombre en especial: Carlos Ripoll, quien terminaría siendo el más prolífero y constante de los estudiosos de Martí en las postrimerías del siglo XX y principios del XXI. En efecto, sus numerosos estudios e investigaciones sobre la vida y la obra del Apóstol (la mayoría de ellos publicados por la Editorial Dos Ríos, que el mismo Ripoll fundara) alcanzan más de una docena de libros y folletos. Todos ellos extraen nuevas luces de la mina inagotable de que hablaba la Mistral. Sorpresivos unos, controversiales otros, pero serios y profundos todos, sus hallazgos históricos y sus interpretaciones constituyen hoy en día el mayor y más fresco caudal de estudios martianos al margen de la maquinaria falsificadora castrista.

Ripoll comenzaría sus investigaciones sobre la obra y vida de José Martí en la séptima década del siglo pasado. En un principio, como todo analista serio, centraría sus esfuerzos en un profundo estudio de la obra del autor seleccionado y su correspondiente bibliografía. Pero lo que en otros investigadores se queda, generalmente, como notas de trabajo, en Ripoll devino en dos libros referenciales de gran utilidad para los martianistas que le siguieron: Archivo José Martí. Repertorio crítico. Medio siglo de estudios martianos y el Índice Universal de la obra de José Martí, ambos de 1971.

El primero lo forman 455 fichas críticas de todo lo publicado en el Archivo José Martí desde su salida en 1940 hasta su última entrega en 1952. El inventario crítico resultante comprende trabajos que van desde 1895 hasta prácticamente el Centenario del Nacimiento de Martí en 1953, pues tal fue la extensión de la bibliografía recogida en el conocido esfuerzo de Félix Lizaso. Las reseñas de Ripoll procuran “ofrecer lo primordial de los estudios a que se refieren, aquello que puede dar al lector el fundamento de una interpretación o análisis, o ayudar a conocer el intento y la visión de un crítico”(15), según anuncia la Introducción; objetivos que cumple plenamente.

El segundo de los libros mencionados relaciona cronológica y alfabéticamente todo lo publicado del Maestro y lo refiere a sus más conocidas ediciones hasta la fecha, con la paginación correspondiente. Así, todo lector puede encontrar, sin complicación alguna, cualquier texto martiano, independientemente de qué edición de las Obras Completas tenga a su disposición. El Índice Universal de la obra de José Martí reúne, incluso, trabajos que no habían sido recogidos hasta entonces en ninguna de las ediciones de las Obras Completas conocidas. Componen este índice más de cinco mil fichas, de muy fácil manejo una vez que se asimilan las instrucciones que aparecen en la Introducción. Personalmente creo que lo más novedoso e interesante de esta obra –más allá del tremendo esfuerzo compaginador– reside en la organización de la correspondencia de acuerdo al destinatario, lo cual permite como que seguir las relaciones de Martí con cada uno de ellos a través del tiempo que éstas duraron.

En la misma categoría podría situarse otro libro publicado el mismo año: Patria: el periódico de Martí. Registro General (1892-1895). Además de un estudio sumamente esclarecedor, Ripoll presenta un registro general del periódico del 14 de febrero de 1892 al 3 de agosto de 1895 y un padrón de nombres, especialmente útil para estudiosos de Martí. El libro consta también de dos apéndices sumamente interesantes: el primero sobre los escritos de Martí en el periódico, y el segundo contentivo de una relación de los Clubs Revolucionarios. Como un desprendimiento del trabajo de campo de esta obra, aparece por la misma fecha Escritos desconocidos de José Martí, donde Ripoll compila en un solo volumen 125 trabajos de Martí aparecidos en el periódico Patria que no habían sido recogidos en las ediciones de sus Obras Completas. Algunos son simples sueltos noticiosos, cuya publicación aquí justifica el compilador por considerar que “todo lo de Martí merece salvación”(9), según sentencia en el Prólogo. Este ‘desempolvar’ del corpus martiano llevaría a Ripoll, años después, a la publicación de otras dos colecciones de escritos del Apóstol: Seis crónicas inéditas de José Martí (1997) –en colaboración con Manuel A. Tellechea– y Nuevos escritos desconocidos de José Martí (1998). Otro intento suyo por dar a conocer la obra de Martí sería la Antología Mayor (1995) que prepararía por el Centenario de la Muerte del Apóstol en 1995 (al parecer la única en su género hasta esa fecha) y diversas colecciones de pensamientos, algunas bilingües. Entre ellas cabe destacar Martí. Thoughts/Pensamientos (1980), José Martí. Ideario (1995), José Martí. Doctrinas, Máximas y Aforismos. Antología Bilingüe. Con una concordancia (2000) y el pequeño folleto de bolsillo Martí en sus propias palabras (2001), sobre el cual volveré más adelante.

Semejante dominio de la labor martiana se vería reflejado, con creces, en las obras de Carlos Ripoll dedicadas a Martí ya desde la década de los setenta. La mayoría de ellas serían recopilaciones de trabajos cuyas versiones originales habrían aparecido en la prensa periódica, fundamentalmente en el Diario Las Américas. Muchos de ellos tendrían una segunda edición en forma de folleto antes de ser recogidos, finalmente, en un volumen. Unos pocos tendrían, también, una versión en inglés. Y a todos les esperaría una nueva edición en el medio actual por excelencia: la Internet, en el sitio de la Editorial Dos Ríos (www.eddosrios.org).

José Martí, huellas y letras desconocidas (1976) es la primera de las colecciones de estudios martianos de Ripoll publicada. Su aparición marcó un hito en la bibliografía martiana del exilio y dio a conocer un estilo que luego se repetiría en las demás compilaciones. Por primera vez en mucho tiempo aparecía un libro de historia martiana que se basaba no solamente en el estudio y selección de lo publicado previamente, ya ‘digerido’, en obras anteriores. Hay detrás de los nueve ensayos que lo conforman un delicado y afortunado trabajo de campo que saca a la luz, como se señala en el Prólogo, “páginas y juicios que no se conocían; sucesos y gestiones de los que apenas se tenía noticia.”(5) Esas características que, según el autor, son las que justifican la obra, se repetirían una y otra vez en los ensayos de Ripoll sobre Martí por el próximo cuarto de siglo. En efecto, sería después una constante en la bibliografía martiana de Ripoll llamar la atención sobre lo olvidado o lo desconocido del quehacer martiano, dirigiendo sus análisis e investigaciones hacia elementos que, debidamente imbricados en sus trabajos –como lo fueron, lógicamente, en la vida real–, nos permiten conocen y comprender más a un Martí que, consecuentemente, se torna cercano en la distancia. Esta colección adelanta también, desde el punto de vista estilístico, la feliz influencia martiana en la prosa ensayística de Ripoll, como si cada paso en la profundización del hombre y su obra tuviera que pagarlo el investigador poniendo su pluma a disposición de su objeto de estudio.

Páginas sobre José Martí (1995) está dividido en dos unidades. La primera recoge ensayos que, fundamentalmente, llaman la atención sobre la relación de Martí con otras ramas del arte tales como la música, el teatro y la pintura; la segunda es una compilación de trabajos donde el elemento biográfico es esencial. Hay ensayos fechados desde 1970 hasta 1994.

También de 1995 es La vida íntima y secreta de José Martí, posiblemente la obra más conocida de Ripoll hasta ahora. Y también la más polémica. Procura, como si título indica, hacer públicas zonas ocultas de la vida de Martí, pero no con el morboso fin de desenmascarar pecados, sino de entenderlos en base a su contexto histórico. En el intento Ripoll utiliza informaciones que no habían estado al alcance de biógrafos anteriores, contenidas en “testimonios y documentos que eran desconocidos o que no se analizaron conel propósito que tienen aquí”(7), como se explica en el prólogo. El libro parte con sendos ensayos dedicados a los padres del Apóstol, como elementos fundamentales de su intimidad y, como es de suponerse, recorre pormenorizadamente la vida amorosa de Martí, entre otros temas ‘candentes’ tales como el erotismo, las drogas, etc. Ripoll no intenta ocultar por omisión, como otroshistoriadores, los amores ‘ilegales’ del poeta, en particular con Carmen Miyares (con quien mantuvo su más larga y estable relación amorosa), aunquetrata de echar por tierra la creencia generalizada de que María Mantilla es su hija. Algunos elementos de esta “vida íntima” han sido considerados ‘demasiado’ íntimos por algunos. Pero, más allá de la postura de cada cual con relación al tema de la intimidad de los personajes históricos,hay un elemento extra literario muy interesante a destacar en este libro: algunos de los documentos inéditos o desconocidos que manejó Ripoll en la confección de estos ensayos, les fueron suministrados clandestinamente desde Cuba. El hecho de que investigadores martianos del gobierno castrista se hayan arriesgado a hacerle llegar a un conocido investigador del exilio (de probada militancia anti-comunista, por añadidura) esos documentos, es algo que contradice la fidelidad ‘unánime’ de los intelectuales a la Revolución que pregonaba la propaganda oficial cubana de la época.

Martí: político, estadista, conspirador y revolucionario (1997), como se infiere de su título, recoge ensayos sobre Martí en una dimensión totalmente diferente de la compilación anterior. De la vida Ripoll pasa aquí a la obra histórica y la visión martiana de los EE.UU. de su época y temas tan importantes como el autonomismo, el capitalismo, el socialismo y el terrorismo. Como para confirmar, una vez más, la concatenación de la historia, Ripoll llama la atención sobre el uso y abuso de Martí en la historia de Cuba, particularmente durante la larga noche del castrismo. Para quien esto suscribe, Martí: político, estadista, conspirador y revolucionario constituye la obra más destacada de toda la ensayística martiana de Carlos Ripoll publicada hasta el momento en que esto escribo. Se recogen entre sus páginas ensayos fundamentales en la obra de este estudioso martiano, algunos con diferentes ediciones individuales y traducciones al inglés. Entre ellos cabe destacar “La noble intransigencia de José Martí” y “La falsificación de Martí en Cuba”, piezas que por sí mismas habrán de quedar entre los mejores exponentes del ensayo cubano del siglo XX.

La literatura de Martí es el tema fundamental de Martí: notas y estudios (1999), una colección de ensayos tan profundos como “Martí y el romanticismo: lenguaje y literatura”, “Apuntes sobre Ismaelillo” o “Los Versos Sencillos”. En otra dirección, pero en la misma área, llaman la atención “Martí lector” y algunas reseñas de libros sobre Martí. El elemento histórico, sin embargo, no podía faltar y a gran altura: “Los detractores de José Martí” es una pieza única en su género que, a la calidad literaria que caracteriza al resto de los ensayos de la compilación, une un trabajo de investigación digno de admiración. Una vez más Ripoll se las arregla por llevarnos de la mano por zonas poco exploradas o conocidas de la vida y la obra de Martí.

En un pequeño tomo (menos de 100 páginas) titulado Léxico martiano (2003), Ripoll presenta en orden alfabético un muestrario de algunos neologismos martianos no recogidos hasta entonces en el diccionario de la Academia de la Lengua Española. Cada uno de ellos aparece con su significado o posible origen y es seguido de un pasaje de la obra martiana donde fue usado, fragmento que Ripoll deja perfectamente identificado desde el punto de vista bibliográfico. Llama la atención de esta relación la capacidad creativa de Martí, tan rica en la idea como en la forma en que la transmitía, sin represión alguna a la hora de crear una palabra nueva si las existentes no cumplían del todo su objetivo del momento, en actitud del todo modernista.

José Martí. Bestiario (2004) sigue el estilo de la entrega reseñada en el párrafo anterior. Aquí Ripoll presenta una selección de fragmentos de la obra martiana donde aparecen nombrados animales (desde la abeja hasta la zorra, con más de 100 entradas), también perfectamente identificados de acuerdo a la edición de las Obras Completas. El criterio que siguió el compilador se basa en que los animales aparezcan no sólo nombrados, sino como representantes de alguna cualidad. Realzan la edición sus ilustraciones, tomadas de un bestiario en latín publicado originalmente en el siglo XII.

En ese mismo año de 2004, Ripoll publica otra colección mayor de ensayos, titulada Nuevas páginas sobre José Martí. A diferencia de sus compilaciones anteriores, ésta comprende textos del todo inéditos y tiene muchas más ilustraciones que sus predecesoras. La forman 11 trabajos de longitud y objetivos diferentes. A juicio de este lector se destaca, por basarse en un texto desconocido y su nexo con otros pasajes sabidos que aquél ilumina, “El amigo calvo”. De igual importancia considero “Destierro y emigración”, donde se comprueba la condición de desterrado de Martí y no de emigrado, con todas las implicaciones históricas que pueden inferirse de la diferencia. Documentos encontrados recientemente y su comparación con otros conocidos dan pie a los ensayos “La amante y sus niñas” y “La muerte y la autopsia”. Sin embargo, posiblemente sea “Grafología” el trabajo más llamativo y polémico de toda la colección. Se trata de un ensayo de interpretación sicológica a partir de la caligrafía. Se publica profusamente ilustrado con muestras de la caligrafía martiana de diversas épocas de su vida.

En el 2005 Ripoll publicó tres ensayos en forma de folletos que no han sido recogidos en compilación alguna hasta la fecha. Cuba en la poesía de José Martí es una mínima selección de la poesía martiana donde aparece Cuba en tanto que concepto de patria. La pequeña introducción que la precede es, por sí misma, un ensayo de alta calidad. El segundo se titula Cervantes y El Quijote en José Martí, dado a conocer como parte de la celebración del cuarto centenario de la publicación de la obra maestra de Cervantes. Como su título anuncia, presenta una breve relación de las referencias a Cervantes y El Quijote en la obra martiana; pero va mucho más allá: hay también claras inferencias del espíritu quijotesco del propio Martí. El tercer folleto contiene un ensayo investigativo que habrá de resultar referencia obligatoria para quien intente de ahora en adelante seguir de cerca la estancia de Martí en Nueva York. Se titula José Martí: viajes y domicilios secretos y en él Ripoll, con espíritu histórico y detectivesco a la vez, da a conocer dos domicilios ocultos que tuvo Martí en Nueva York (posiblemente para despistar a los agentes del colonialismo español que lo seguían), descubiertos ahora por Ripoll gracias a un concienzudo estudio del Censo de 1880. El viaje secreto no queda del todo comprobado, aunque al parecer lo denuncia el propio Martí al localizar y fechar un poema con el pie “KW/87”, que Ripoll interpreta como Key West/1887, lo cual implicaría un viaje de Martí a Cayo Hueso cuatro años antes de lo que hasta ahora se consideraba su primera visita a ese lugar. Ambos descubrimientos históricos abren nuevas posibilidades investigativas con relación al andar martiano en la novena década del siglo.

Lo más recientemente publicado de Ripoll es Martí y las bailarinas de España y José Martí. Toda su poesía. Digitalizada, ambos del 2006. El primero de los ensayos tiene el valor añadido de poner a disposición de los lectores, gracias al sitio en la Internet identificado por el propio Ripoll, la posibilidad de ver bailar, durante un minuto que dura la filmación sobreviviente, a Carmencita Dauset, de quien Martí escribió en una de sus crónicas. De la edición digitalizada de la poesía trataré más adelante.

Persistente e incansable en sus estudios martianos, y siempre en busca de la verdad, en el momento en que redacto estas líneas Ripoll da los toques finales a un nuevo libro de título (quizás provisional) Martí y el fin de una leyenda. Según la copia del borrador que el autor me facilitara gentilmente, la leyenda que intenta poner fin este ensayo es la creada por Fermín Valdés Domínguez (el más querido amigo del Apóstol) sobre sí mismo. Se trata de un tomo de más 100 páginas donde Ripoll pone de manifiesto, documentadamente, las inexactitudes históricas presentes en los escritos de Valdés Domínguez, así como las omisiones, escamoteos y hasta un caso de posible falsificación de la correspondencia que Martí sostuviera con él. Preveo que esta nueva entrega de Ripoll habrá de ser tan controversial como La vida íntima y secreta de José Martí. Pero en ésta, como en aquélla, nadie podrá negar la influencia (cuando no el mandato) del propio Martí, quien sostuviera que “el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia y derriba lo que se levanta sin ella.” En Martí y el fin de una leyenda Ripoll presenta lo que considera la verdad en todas sus partes sobre el papel histórico –por el nexo martiano– de Fermín Valdés Domínguez.

Una constante en todas las obras de Ripoll es su intención de conjurar la “falsificación” de Martí por parte del gobierno castrista. El término “falsificar”, utilizado en ese sentido originalmente por Carlos Márquez-Sterling, sería del todo desarrollado por Ripoll. Para lograrlo, se encargaría de denunciar oportunamente las constantes manipulaciones, las burdas omisiones, las forzadas interpretaciones y las injustificadas atribuciones con que los ideólogos castristas han tratado de asociar a Martí con el totalitarismo. “La falsificación de Martí en Cuba” es su más logrado y conocido ensayo con esos designios. Otros, dedicados a aspectos o hechos aislados en ese bastardo intento, lo amplían o complementan. Entre ellos, todavía no recogidos en libro en el momento de redactar estas notas (aunque publicados en la prensa, en forma de folleto y en la Internet), se destacan “José Martí: Nuevas Obras Completas” (2001), y “Martí secreto” y “Martí y el socialismo de Cuba” (ambos del 2002), donde Ripoll analiza críticamente las últimas publicaciones gubernamentales cubanas sobre el Apóstol. Sus críticas, valga aclararlo, rebasan el campo de la historia y la política y analizan técnicamente las obras enjuiciadas, demostrando que los intelectuales cubanos encargados de la falsificación de Martí en Cuba, además de malintencionados, o son muy ‘descuidados’ o carecen de la formación profesional necesaria para la misión que se les ha encomendado. Si el intento de ofensa se publica fuera de Cuba, tampoco deja pasar Ripoll la oportunidad de salir en defensa del Apóstol. Su más reciente riposta al respecto se titula “Martí y sus sepultureros” (2006), donde sale al paso de un supuesto exilado político cubano sin brújula histórica, quien había publicado en el mismo diario miamense un artículo en que aseveraba que Martí había muerto en tanto que ente histórico. No hay “entuerto” martiano que Ripoll no trate de “desfacer”.

En consonancia con lo anterior, es de destacar que todas las obras de Carlos Ripoll, a pesar de la férrea censura castrista, han circulado clandestinamente en la Cuba totalitaria. De algunas han podido entrar al país sólo unos pocos ejemplares; de otras, cientos; y al menos en un caso, miles. Es como si un hombre solo se hubiera impuesto la tarea de enfrentarse a la poderosa burocracia totalitaria a fin de salvaguardar la memoria de Martí incluso dentro de Cuba. En recursos, a pesar de a veces contar con la ayuda de algunos individuos o instituciones, no ha podido competir con efectividad, como es lógico. En el campo de las ideas, el resultado es otro.

De esas publicaciones de Ripoll leídas secretamente en la Cuba castrista, la que más ha atacado el gobierno cubano ha sido, paradójicamente, la más modesta. Se trata de un folleto de bolsillo de 16 páginas de unas 4 pulgadas de ancho por unas 5 de alto titulado Martí en sus propias palabras (2001). La frágil carátula deja ver, a través de un rectángulo calado, parte de una minúscula reproducción del conocido cuadro de Martí en Tampa de Juan E. Hernández Giró, donde se presenta a Martí en una tribuna arengando a una multitud, de la cual se ven solamente unos pocos integrantes, aunque muy representativos: hombres jóvenes y viejos, niños, una mujer. El folleto no tiene pie de imprenta ni fecha alguna, pero ha circulado profusamente en la Isla, muchas veces usando de camuflaje – por cuanto tienen dimensiones parecidas– el Carnet de Identidad (especie de pasaporte interno que los cubanos tienen que portar, obligatoriamente, adondequiera que vayan dentro del territorio nacional). Según algunos, más de 10,000 ejemplares han sido introducidos en la Isla entre el año 2001 y el 2002. Un alto funcionario cubano lo atacó calificándolo de “un folletín insultante, tergiversador del pensamiento y la obra antiimperialista de José Martí”. Como corriendo en cumplimiento de una apremiante orden incuestionable salió publicado en La Habana, por la misma época del ataque del oficial castrista, un Diccionario del pensamiento martiano, compilado por Ramiro Valdés Galarraga, quien declaró, en la presentación de la obra, que se sentía orgulloso de que ‘su’ libro sirviera “de antípoda del infame folleto”. En uno de los interminables programas políticos de la televisión cubana actual (la ‘famosa’ Mesa Redonda) también se atacó el cuadernillo. Allí uno de los ‘expertos’ calificó a Ripoll de “profesor maquiavélico”.

¿Qué escribió Ripoll en Martí en sus propias palabras que ha provocado tal reacción en el gobierno castrista? En realidad, Ripoll no escribió ni una sola palabra más allá del título. El folleto no es otra cosa que una minúscula colección de pensamientos de Martí, tomados todos de textos aparecidos en la edición de sus Obras Completas llevada a cabo por el mismo gobierno cubano y debidamente identificados con el número del tomo y la página en que fueron editados originalmente. Lo que convierte el fascículo en una publicación subversiva en la Cuba de Castro son los temas seleccionados por el “profesor maquiavélico” y su orden de aparición. La libertad, los derechos de los seres humanos, la opresión de las tiranías y otros temas afines están tan bien empalmados, que una lectura de corrido de todo el texto (lo cual requiere de sólo unos minutos) hace del folleto toda una proclama anticastrista. El Martí de la tribuna que sirve de ilustración en la portada termina arengando a los cubanos sojuzgados de la Isla, quienes ven su realidad como una variante de la Cuba colonial que denunciaba el Apóstol. No andan entonces muy despistados los ‘expertos’ y ‘diplomáticos’ lombrosianos del castrismo con su histeria institucionalizada contra el folletico. Al final, sin proponérselo como es lógico, han terminado reconociendo lo que se ha venido denunciando durante mucho tiempo, tanto en Cuba como en el exilio: que José Martí, en sus propias palabras, es el antípoda de Fidel Castro y sus herederos. De ahí la ‘satanización’ de Martí en sus propias palabras en la Cuba jineterezca del dólar y el picadillo de soya.

Paralelamente a su obra investigativa, analítica e interpretativa del quehacer martiano, Ripoll se ha dado a la tarea de divulgar la obra de Martí en los EE.UU. Entre sus libros publicados con esta intención están las ya nombradas antologías bilingües de pensamientos que han tenido varias ediciones, el descubrimiento y reimpresión de varios textos martianos desconocidos modernamente así como la Antología Mayor ya mencionada. Las últimas entregas de Ripoll en este campo son una selección multilingüe de textos martianos titulada Martí políglota y, de más reciente factura, José Martí. Toda su poesía. Digitalizada. Es de destacar que los dos últimos ejemplos vienen acompañados de sendos CD. El de la poesía se trata de una edición electrónica altamente tecnificada con secciones dedicadas a Frecuencias, Concordancias, Relación de títulos, Facsímiles y una muy útil e interesante Adenda. No creo que los estudiosos de la poesía martiana hayan tenido a mano con antelación una herramienta tan útil como eficaz.

Por todo lo anterior es que puedo aseverar, sin temor a equivocarme, que a partir de las primeras publicaciones martianas de Carlos Ripoll y la fundación de la Editorial Dos Ríos en Nueva York, nadie podrá ya acometer ningún estudio serio sobre José Martí sin acudir a la colosal labor de análisis, reivindicación, divulgación, interpretación, ordenamiento e investigación de la obra y la vida del Apóstol debida a los esfuerzos y el talento combinados de Carlos Ripoll, un estudioso martiano a tiempo completo –y a alma completa. 

 

LOS DOS RÍOS DE LA BIBLIOGRAFÍA MARTIANA

De todo lo precedente se desprende un hecho indiscutible: que por razones disímiles, tanto externas como internas, el más largo exilio de la historia cubana ha dado como resultado un significativo caudal de estudios martianos al margen e independientes de la égida gubernamental contemporánea. Estos apuntes se han referido únicamente a una pequeña parte de los mismos: la correspondiente a los libros publicados que he podido localizar. Una visión totalizadora, que incluya los trabajos aparecidos en periódicos y revistas, requeriría una obra de varios volúmenes. No en balde Dolores F. Rovirosa necesitó dos tomos de más de 100 páginas cada uno para su relación Bibliografía martiana del exilio (1997), aunque no todos los autores recogidos son cubanos del destierro.

Esa presencia de Martí en la cultura del exilio cubano ha rebasado, incluso, los géneros tradicionalmente asociados a la historiografía y la crítica literaria. Los poemarios biográficos Sinfonía Martiana (1971) de Hernando D’Aquino, Agonemas martianos (1975) de Oscar Fernández de la Vega y Vida y muerte de Martí (1995), de Miguel González, son claros ejemplos. En el teatro cabe destacar el laureado monólogo Un hombre al amanecer (1991) de Raúl de Cárdenas y Un objeto de deseo (2005) de Matías Montes Huidobro.

Raúl de Cárdenas ganó con la obra mencionada el prestigioso galardón literario Premio Letras de Oro. Se trata de un largo monólogo en dos actos en que el único personaje es el propio José Martí. La acción se desarrolla antes del amanecer del 19 de mayo de 1895, por lo que queda ubicada temporalmente unas horas antes de la muerte de Martí. Valiéndose de procesos inter-textuales, sin menoscabo de la libertad autoral, Cárdenas desarrolla toda una biografía de Martí desde la niñez hasta, prácticamente, su ‘conversión’ en estatua. No he visto esta obra puesta en escena, pero me imagino que sea todo un ‘tour de force’ para el actor a quien se le encargue la tarea.

La pieza de Matías Montes Huidobro se basa en la novela Lucía Jerez, del propio Martí; pero va mucho más allá, con la compleja relación amorosa de Martí con su esposa Carmen Zayas Bazán, así como otros aspectos de su vida y su ideario. La estructura de la trama resulta sumamente interesante al tomar vida propia el personaje de ficción creado por Martí, con lo que a la postre éste termina conviviendo con ambas mujeres: la esposa y el personaje por él creado. ¿O son una misma las dos?

Pero hay más: la presencia de Martí en la literatura del exilio rebasa la multiplicidad genérica hasta ahora señalada. El imprevisto prolongamiento temporal del destierro cubano del castrismo ha creado un nuevo componente en el mundo de las letras criollas: el surgimiento de una literatura cubana en inglés. Autores que salieron niños de Cuba, o nacieron fuera de la Isla de padres criollos, han creado este nuevo tipo de literatura cubana. Algunos de ellos nunca han estado en la Isla; sin embargo, temas, personajes y motivos criollos distinguen sus trabajos: todo excepto el idioma español, hasta entonces considerado el vehículo lingüístico único de la cultura cubana. Ellos han entrado al llamado “melting pot” sin rechazar su herencia cultural; al contrario, parece que han agregado parte de la misma a la cultura estadounidense a la cual pertenecen. El impacto de este nuevo tipo de literatura cubana en la literatura cubana general es todavía desconocido, si es que llega a existir repercusión alguna; es una historia en progreso. Sin embargo, por lo que tiene de cubana, no ha podido mantenerse ajena a la presencia de Martí. Una prueba incuestionable es la novela Silent Wing (1998), de José Raúl Bernardo, donde el autor recrea la historia de amor de “La niña de Guatemala”. No se trata de una novela histórica, aunque tampoco oculta su raíz en la anécdota autobiográfica que cantara el propio Martí (identificado en la novela como Julián, su segundo nombre verdadero). Estamos en presencia de la re-creación de un poema en español como una novela en inglés. El texto se amplía con trazos de otras obras martianas y la trama se extiende hasta la muerte del personaje, con una rápida referencia a la Guerra Hispano-Americana y un ‘cierre’ sumamente sugestivo, por poéticamente anacrónico. Conozco de norteamericanos que se han sentido impulsados a conocer más de Martí gracias a esta novela de alta carga poética.

Pero hay más todavía: la manifestación martiana en la cultura cubana del exilio se ha extendido a tal punto que ha desbordado los límites de la literatura. Tenemos el caso, por ejemplo, de la pintora Ileana Ferrer Govantes, creadora de una colección de cuadros que no son más que sensibles extensiones plásticas de versos o simples frases de Martí. En la música ejemplifican esa presencia martiana extra-literaria las Canciones transparentes (1995) para soprano, clarinete, celo y piano, del famoso compositor Aurelio de la Vega. Estas composiciones, grabadas un año después, son en realidad la feliz musicalización de un grupo de versos varios de Martí, en canciones de textura politonal de carácter tanto lírico como dramático. En el campo de la escultura, Juan José Sicre y Roberto Estopiñán continuarían en el exilio su dedicación a traducir en solidez la luz de la mirada extinguida en Dos Ríos, como lo prueba el Monumento a Martí en Santo Domingo. El consiguiente cambio de pluma por pincel, cincel o partitura de estos creadores nos trae un nuevo Martí que, no obstante ello, sigue siendo el mismo. Ferrer Govantes nos deja ver sobre sus lienzos, Sicre y Estopiñán nos permiten palpar en el bronce, y de la Vega nos concede escuchar en su música lo que antes, al leer a Martí, habíamos visto, palpado y escuchado en nuestras almas.

Una de las principales características de esa presencia martiana en la cultura cubana del exilio –ya sea en español o en inglés, en forma de ensayo, poesía o novela, con trazos, palabras, cinceladas o notas musicales–, es la destacada calidad de la mayoría de los trabajos conocidos. Ha determinado tal virtud, más allá del talento individual de los creadores involucrados, el alto grado de profesionalismo alcanzado por muchos de ellos gracias a sus estudios en universidades de los EE.UU. y el hecho de haber podido desarrollar sus obras en un medio libre de presiones políticas o censuras gubernamentales.

Cuba como ente cultural, no pocas veces en peligro en la Isla que le diera vida, ha sobrevivido robusta y vigorosa en las playas del exilio. Desde el punto de vista intelectual, los martianistas del destierro han terminado viviendo sin amo y con patria. Incluso muchos de ellos, al saber más de Martí y Cuba ahora que antes, desde cierto ángulo son más cubanos que cuando vivían en la isla sin profundizarla. La lejanía física los ha acercado culturalmente. Antes recibían la cubanía como la persona de pulmones sanos el aire que respira; que es decir, sin percatarse de la importancia que para la vida tiene cada bocanada de aire. El exilio les aportó, desde el punto de vista histórico, la sensibilidad del asmático, para quien la recepción de cada limosna de aire silbante que llega a su pecho se convierte en una fiesta de vida. Así recorren el destierro: inhalando cubanía de a poco, conscientemente, para que les llegue bien profundo, para que no se les acabe. Y del exhalar correspondiente han surgido estas obras sobre la más perdurable representación de esa cubanía: José Martí.

Todos estos estudios de la vida y la obra del Apóstol identificados aquí, las re-ediciones de sus trabajos, los poemas y las obras de teatro sobre su vida, y los cuadros, esculturas y canciones que lo toman de referente, simbolizan la lucha de los intelectuales cubanos del exilio por preservar un Martí que, en buena medida gracias a ellos, logró sobrevivir incólume el ataque de la maquinaria propagandística castrista. Historiadores, críticos literarios y otros creadores lograrían mancomunadamente con objetividad, profesionalismo, dedicación y una alta calidad técnica, conjurar la falsificación de Martí en Cuba que durante muchos años ha intentado sin tregua el gobierno totalitario de la Isla. Algunos comenzarían el conjuro estando todavía en Cuba, a resultas de lo cual sufrirían los rigores de la venganza del totalitarismo contra todo aquel que intente pensar por sí mismo: el acoso, la marginación, la persecución y hasta la cárcel. Otros tratarían de coadyuvar en el intento colaborando desde la Isla, abierta o clandestinamente, con los martianistas del exilio. La mayoría de ellos terminaría, como es lógico, engrosando las filas de las no-personas en Cuba (el insilio), o desterrados. Pero, a pesar de semejantes finales, cada generación de intelectuales nacidos o formados en la Cuba castrista ha aportado nuevos martianistas que se han enfrentado al régimen que niega el ideario martiano al tiempo que trata de utilizarlo adulterado. Sus obras han sido censuradas o rechazadas, cuando no confiscadas por la policía política como pruebas de cargo más peligrosas que un arma homicida. Pero no dejan de aparecer, hasta escritas en el presidio político, sacadas de cárceles y campos de concentración en pequeños fragmentos manuscritos como si fueran secretos de estado. En ese sentido, y a pesar de todos los recursos del poder totalitario, los intentos del gobierno castrista de hacer a Martí y a los martianistas todos cómplices de la ignominia, han resultado un fracaso. Cierto que Fidel Castro ha logrado mantener a su servicio, ya sea por miedo, oportunismo, soborno o chantaje, a varios especialistas martianos de vieja formación, a los cuales se han unido otros de nuevo cuño en busca de las prebendas correspondientes. Sus presencias en las filas del tirano no debe, en realidad, asombrarnos. Ya Martí se había enfrentado a sus pares un siglo atrás y había dicho de ellos:

        Todas las tiranías tienen a mano uno de esos cultos, para que piense y escriba, para que justifique, atenúe y disfrace: o         muchos de ellos, porque con la literatura suele ir de pareja el apetito de lujo, y con éste, viene el afán de venderse a quien         pueda satisfacerlo. Por casa con coche y bolsa para queridas vende la lengua o la pluma mucho bribón inteligente. (Obras         Completas, Tomo 12, página 276.)

Nuestra época es tan propicia a la existencia de esos bribones inteligentes como el siglo XIX. Afortunadamente sus alcances (al igual que entonces, y a pesar del éxito momentáneo de la casa con coche y la bolsa para queridas) no serán superiores. Es más, como lógica extensión de la ‘doble moral’ (en realidad: la carencia de) que ha caracterizado la Cuba de las postrimerías del castrismo, se ha dado el caso de mucho bribón inteligente que vive, de forma clandestina, una vida paralela asombrosamente ajena o contraria a la bribonería que ejerce (o aparenta ejercer) de manera oficial. La mayoría de ellos termina, como es lógico, en el insilio o el exilio, pues es una situación que no puede extenderse indefinidamente sin ser descubierta en una sociedad policíaca; otros, sin embargo, han muerto sin ser detectados, como extraños Junos ideológicos, honrando en la clandestinidad al Martí que públicamente falsificaban –o hacían como si falsificaran. Entre los más jóvenes, (de)formados desde la niñez en la mentira castrista, es el propio Martí quien se encarga de propiciar la metamorfosis resultante. El tema es demasiado complejo como para intentar analizarlo, objetivamente, en par de párrafos. Pero creo que no debo abandonarlo sin haberlo ilustrado antes:

El 19 de mayo del año 1995, con motivo del Centenario de la Caída de Martí en Dos Ríos, el gobierno cubano organizó en el lugar un acto conmemorativo al cual fue invitada toda la plana mayor del cuartel (léase país) y una nutrida representación de bribones inteligentes, fundamentalmente los encargados de la falsificación de Martí en Cuba. Uno de ellos, sentado frente al Falsificador en Jefe, una vez que consumió la ración de alimentos que le había sido asignada, comenzó a llenar el cartucho o bolsa en que ésta venía envuelta con tierra que iba escarbando, con sus propias manos, de junto a sus pies. Pero esa tierra de Dos Ríos no la colectó ese supuesto “bribón inteligente” para sí mismo, sino para un conocido martianista del exilio. No sé cómo logró sacarla luego clandestinamente de Cuba y hacérsela llegar a su destinatario, quien a su vez la repartió entre un grupo de amigos. No fue una acción heroica, por supuesto, pero sumamente significativa: prueba que la ‘unanimidad’ castrista no es –ni ha sido nunca– tal. Gracias a ese gesto de ambos, en el momento en que escribo estas líneas puedo ver, guardada en un cristal junto a una reproducción minúscula del conocido cuadro de Valderrama, tierra que una vez regó la sangre de Martí. Pero más importante todavía es que gracias a ese inclinarse del invitado castrista –y frente al propio tirano– para escarbar con las manos una muestra de tierra que es historia para hacerla llegar, de regalo, a un martianista exilado, Martí no fue del todo asesinado de nuevo ese día en Dos Ríos. No me sorprende entonces que un intelectual recién llegado al exilio, quien hace poco estuvo haciendo una investigación en el mal llamado Centro de Estudios Martianos de La Habana, me escribiera que “En el Centro de Estudios Marcianos como bien le llamas hay de todo, al igual que en el resto de la Isla. …sobre todo los más jóvenes, son recalcitrantes enemigos del régimen (en lo íntimo de la amistad).” ¿Como es posible que quienes reciben un sueldo por justificar ideológicamente el sistema totalitario imperante sean, al mismo tiempo, enemigos recalcitrantes del mismo, aunque sea “en lo íntimo de la amistad”? No hay duda alguna que para quienes no conocemos por experiencia propia la Cuba de las jineteras, el dólar y el picadillo de soya nos resulta poco menos que absurdo lo que plantea mi corresponsal. A menos que unamos en un solo texto a Maquiavelo, Kafka, Orwel y Ionesco… editados (¡no podía ser de otra forma!) por el Editor en Jefe.

En todo caso, y por muy sutil y compleja que sea la gradación de toma de conciencia entre los (reales o aparentes) bribones inteligentes pasados, presentes o futuros, lo cierto es que los estudiosos martianos del exilio y los del insilio, trabajando juntos o por separado, han logrado mantener y profundizar un Martí que tiene mucho que hacer por Cuba todavía, particularmente una vez superado el absurdo maquiavélico del socialismo “jineterezco” actual.

El siguiente paso a dar por los estudios martianos del exilio queda pospuesto, entonces, hasta llegado ese momento; que es decir, hasta el advenimiento de la Segunda República. Al igual que la Primera República absorbió en su seno la obra toda del exilio decimonónico, el amanecer histórico en lontananza presagia una absorción similar: los dos ríos de los estudios martianos dignos –el del exilio y el del insilio–, convergiendo en la historia. La cultura cubana es una sola, sin tener en cuenta dónde se desarrolle; puede incluso no importar ni siquiera la lengua en que se exprese. Y aunque actualmente nos divide, como señalara una vez Belkis Cuza Malé, la verdad y la mentira; la mentira, por su propia condición de tal, tiene los días contados. El exilio cubano de más de cuatro décadas ha creado un cúmulo de obras de estudios martianos listo para incorporarse, tan pronto como salga el sol luego de la larga noche castrista, a la cultura nacional a la que ha pertenecido siempre. Los intelectuales cubanos del exilio no han perdido el tiempo. Casi cincuenta años los separan de Cuba, y esos mismos casi cincuenta años los acercan a Cuba. Es cierto que regresarán con la mirada de Lázaro a su retorno y la respiración histórica del asmático; pero no con las manos y las almas vacías. La bibliografía martiana del exilio es una prueba más que fehaciente.

 

El Dr. Eduardo Lolo enseña español y literaturas hispánicas en el Kingsborough Community College de la City University of New York (CUNY). Entre los galardones literarios y profesionales recibidos se encuentran el Premio Letras de Oro en el género ensayo otorgado por el Instituto de Estudios Ibéricos y la Universidad de Miami y, más recientemente, la Medalla de Plata y Diploma a intelectuales extranjeros de la Societé Académique de Education et d'Encouragement de Francia. Es autor de varios libros de crítica y estudios literarios: Las trampas del tiempo y sus memorias (1991), Mar de espuma. Martí y la Literatura Infantil (1995), Un huésped no invitado. La voz tangencial del indio en la literatura hispana (2001), Después del rayo y del fuego. Acerca de José Martí (2003) y Platero y nosotros: estudio crítico (2007). Para más información sobre este autor, váyase a: http://eduardololo.com/