OCTAVIO PAZ, CUENTISTA

 

Nedda G. de Anhalt

Vicepresidenta del PEN Club de México

 

Octavio Paz¿Águila o Sol? de Octavio Paz[1], libro cardinal de su obra, uno de los más interesantes en la narrativa hispanoamericana no sólo por la fuerza de su estilo y pensamiento sino porque que, entre los muchos Paz que habitan y coexisten en este poeta, ensayista, traductor, orientalista, filósofo, humanista, la conciencia crítica más lúcida de México, historiador u observador social y artístico, -por destacar ciertos aspectos de sus aventuras espirituales en ese recorrido que ha significado un largo camino de reconocimientos[2]- ¿Águila o Sol? puntualiza de manera precisa y eficaz uno de los aspectos conocidos, pero raramente abordado por los estudiosos de su obra: Paz, cuentista excepcional.

Tal vez valga la pena recordar que, para cualquier tipo de literatura imaginaria, el autor de Libertad bajo Palabra supo capturar la esencia de instantes en el feliz matrimonio del sonido y el sentido. Y esto, precisamente, tiene tanto en común y es propio del cuento corto, como también con la poesía: poder encerrar en un relámpago toda la luz y todo el espacio del universo. No otra cosa hace Octavio Paz en los textos de ¿Águila o Sol?

Ahora bien, antes de abordar el poder y la belleza de estos sueños imaginados a través del lenguaje,  frutos de la fantasía y reflexión del autor de El Laberinto de la Soledad, recobro la opinión de T. S. Eliot[3]. Él consideraba que ningún poeta o artista posee un sentido completo de sí mismo si no aprecia sus relaciones con otros poetas o artistas del pasado. Desde esa perspectiva y, aunque sea a vuelo de pájaro, fue evidente que Octavio Paz no aspiró al ideal de un cuentista como Horacio Quiroga[4], quien se acercó a la selva virgen y a los ríos caudalosos para hacer de éstos los verdaderos héroes de sus relatos. Si el uruguayo no perdió de vista la tierra, el mexicano tampoco. Y la mirada de Paz la dirigió también al interior del ser humano. Asimismo, la privilegió con una elevación hacia el inescrutable firmamento para capitalizar con los recursos de su imaginación, intelecto y humor, la sintaxis de un nuevo alfabeto y de un nuevo sistema de signos y señales. En éstos concibió una pasión secreta por la palabra, las sílabas y el acto de la escritura. Ellos fueron sus verdaderos héroes y heroínas; en ellos Paz encontraría un mundo habitado de  suspenso y aventuras. 

El creador de El arco y la lira fue un solitario, independiente, que no sucumbió a la tentación de elaborar un decálogo para cuentistas como lo hicieron Quiroga y otros. No obstante, en el improbable caso de haber formulado su decálogo –y a pesar de que no me corresponde enunciarlo- aventuro su primer mandamiento:

“Procurarás siempre que la prosa conviva con la poesía”.

En sus cuentos, el autor de Los hijos del limo adoptó la “primera persona” forma narrativa propia de Conrad[5] o Fitzgerald[6] de modo que el lector podrá descubrir la idea de una poesía-relato, en donde cada poema es un cuento breve y, a la vez, cada uno de ellos respira cierto aire poético vinculado a una jerarquía cuyo tránsito fantástico y conceptual viene dado por el elemento narrativo. Es decir, el doble arco de la prosa y la poesía de Paz se tensa por la conciencia de reflexiones, recuerdos, experiencia o hechos esenciales del espíritu y vida de sus narradores.

En la intersección de estos dos planos, poesía y prosa, Paz se halló en su mejor elemento,  a pesar de que es una posición difícil y a menudo peligrosa; pero este hermoso rasgo de audacia le valió triunfos rotundos en “Trabajos del poeta”, “Mi vida con la ola”, “El ramo azul”, “Cabeza de ángel”, “Carta a dos desconocidas”, “La higuera”, que, entre otras, figuran como obras maestras de su cuentística.

En todo caso, tanto Paz como Quiroga y la mayoría de los escritores hispanoamericanos, tuvieron algo en común: les atrajo Francia y el Modernismo. Puede afirmarse, sin la menor vacilación, que el creador de Salamandra se sintió cercano  a Baudelaire[7], pues ambos colocaron el infierno en el corazón del ser humano. Con Henry James[8], Paz compartió su lealtad hacia la palabra, su amor por la libertad personal humana y, asimismo, incluyó en sus relatos los exquisitos toques de humor e ironía aunados a la interjección de lo grotesco. Del mismo modo que Borges[9], Paz supo jugar con la realidad e irrealidad de las cosas; al igual que Proust[10],  le obsesionó la memoria contempladora y el poder universal absoluto del Tiempo. A diferencia de Hawthorne[11], que creó un Rappaccini blasfemo, ya que en la búsqueda del conocimiento antepuso el hecho de que la cabeza triunfe sobre el corazón, Paz no se aleja de la vida que nutre, porque para este poeta mexicano la ética y estética humanas son consubstanciales.

En cuanto al antes citado T. S. Eliot, el ejemplo más convincente de la afinidad entre ambos radica en el comienzo de uno de los versos en “Cuartetos”,  “En mi principio está mi fin”, o cuando termina: “En mi fin está mi principio”. Del mismo modo, cuando considera que el tiempo pasado y el tiempo futuro “apuntan a un fin único, que es siempre presente.” Mas no será el señalamiento de indudables afinidades, diferencias o coincidencias con estos u otros escritores el tema de este ensayo, porque habría que mencionar a Heráclito, Basho, Blake, Donne, Reverdy, Mallarmé,  Rimbaud, Villaurrutia, Bretón, Péret, Tablada y tantos más. En la visión que nos proporcionan estos cuentos magistrales, Octavio Paz gira en una esfera tan solitaria como la del propio Giorgio de Chirico o Marcel Duchamp. Veamos.

 

II

Águila o Sol” presenta tres secciones: “Trabajos del poeta”, “Arenas movedizas” y “¿Águila o Sol?”. La que abre el volumen “Trabajos del poeta” es un ejercicio espiritual inscrito con el espectacular tapiz de 16 fragmentos en simétricas y sorprendentes estructuras –aparentemente aisladas y caprichosas- pero que, su totalidad, resulta una construcción en sí. Misma que explora relaciones entre el lenguaje, escritura y tiempo que suscita el acto creativo. Desde ese comienzo, el tono del libro está dado con la unidad de inspiración del humor, el absurdo y  la rebelión de los personajes de negro, o de colores; a veces frágiles, a veces crueles, como “Tedevoro” y “Tevomito”.  Y es así como surgen juegos con las palabras en un crescendo no retórico sino físico: “A la palabra torre le abro un agujero rojo en la frente. A la palabra odio la alimento con basuras durante años…”  

De súbito, puede manifestarse la necesidad de un acto cotidiano como es la compra de una cajetilla de cigarros. De modo que, rodeado de creencias, errores, verdades, fe, olvidos, dolor, yerba seca, insomnio, el viento y el tiempo que avanzan, el escritor crea Tinantlán “la ciudad gris al pie de la piedra blanca”. Y luego de haber edificado su “casa en la roca de un No inaccesible a los halagos y el miedo” y de haber arrojado “puñados de silencio y monosílabos de desprecio” a sus amores, surge el apego a la primavera en repeticiones y variaciones de la Palabra, en estos textos visionarios. Pues, ¿qué otra cosa es el escritor sino un huérfano sin identidad, metido en los meandros de la soledad, mas resuelto a ir al encuentro de su destino cuando se enfrente al juego peligroso de la escritura? ¿Poseerá fortaleza y seguridad para triunfar? ¿Podrá crear ese lenguaje nuevo, “poderoso de látigos”? ¿Sabrá deshacerse de palabras “masticadas desde hace siglos”? ¿Aprenderá a jugarse la vida por una palabra? “¿Cara o Cruz?”

            En los nueve relatos de “Arenas Movedizas” y los veintidós de “¿Águila o Sol?”,  tan extraños, pero tan creíbles, es donde se encuentran los mejores cuentos de Paz. En esta segunda y tercera parte del libro se prolonga el tono y la dirección de la primera; el matrimonio entre poesía y prosa persiste, pero con un ritmo más sosegado, asimismo, el balance entre la emoción y el intelecto. ¿Y las imágenes? Seducen, convencen por insólitas y continúan brillando lustrosas. La maestría con la que Paz crea el suspenso y una atmósfera de miedo, terror u horror[12] se da especialmente en “Arenas Movedizas” con un lenguaje que fascina y hechiza.

             “El ramo azul” cuenta una historia desde cierto ángulo previamente transformado por el punto de vista del narrador-protagonista. Es el de  un pueblito marginal en el mapa de la imaginación del autor donde reina el calor y aparentemente nada pasa. Nuestro forastero despierta una noche, empapado de sudor, en la habitación del pequeño hotel. Desde el “piso de ladrillos rojos, recién regado, subía un vapor caliente. Una mariposa de alas grisáceas revoloteaba encandilada alrededor del foco amarillento. Salté de la hamaca y descalzo atravesé el cuarto, cuidando no pisar algún alacrán salido de su escondrijo a tomar el fresco. Me acerqué al ventanillo y aspiré el aire del campo. Se oía la respiración de la noche, enorme, femenina.”

Este primer párrafo evoca un estado de ansiedad ambigua que el autor va privilegiando con imagen, sonido y olfato a través de la riqueza de los colores “rojo”, “grisáceo” y “amarillento”. Después vendrán el “verde”, “negro”, “blanco”, “azul”, colores que en el cuento ostentan auténtico peso, sabor y olor. ¿Es este el triunfo de una prosa modernista que narra un suceso de manera bella? Sí, pero no del todo, porque el hecho de que Paz se apropie de ciertos colores, es para llegar al claroscuro del relato. Es decir, contraviniendo el consejo del dueño del mesón: -“todo está cerrado”, “más le valiera quedarse”- el forastero se empeña en dar una vuelta por el pueblo.

            La noche con sonido de grillos e insectos, su “campamento de estrellas” y “aroma de tamarindos”, le extiende una invitación.  Nuestro protagonista se echa a andar sintiéndose libre. Es cuando, de súbito, se escuchan unas pisadas y el autor expande así la posibilidad de lo inesperado con más impresiones auditivas. El artificio estilístico que realza el valor de este cuento al recorrer otra escala de intensidad es con el azul, color que se presenta siempre en asociación indestructible al ensueño, pensamiento, y a lo celeste. Más el azul en este cuento ni siquiera es dariano porque, en una iluminación súbita, se transmuta en un color agresivo, nefasto, trágico. Es nada menos que el color codiciado, el del miedo, mismo que se anticipó, veladamente, en el primer párrafo del cuento con las imágenes del “vapor caliente”, el imposible “alacrán”, la mariposa revoloteando en el piso, antes citados, o posteriormente con “el bicho escondido en los pliegues de la ropa”.

            Alguien en una ocasión sentenció: “La única cosa a la que debemos tenerle miedo es al miedo en sí”. ¿Miedo al azul en un pueblo primitivo donde aparentemente nada pasa? No, terror al azul de un forastero que, milagrosamente será salvado por el rango y la autoridad de un símbolo solar: el color amarillo. Si “El ramo azul”[13], un cuento redondo de Paz, prueba algo es que decididamente vivimos en un mundo donde la oscuridad metafórica del mal llega, mas no perdura.

            “Cabeza de ángel” responde a estos sentimientos de distinto modo. El miedo y el terror ya no se agazapan, sino se consignan con violencia y crudeza magníficas en una pesadilla sin fin ante la mirada indiferente de los demás. Estamos, ¿qué duda cabe?, ante un cuento de horror que paraliza el ánimo. Desde el mismo comienzo, se presenta una dicotomía. La cabeza, ¿será de un ángel o de un demonio? La voz narradora de una mujer explica cómo funciona el corte de una cabeza puesta al revés, que no permite al individuo caminar ni mitigar su sed. Ese desdichado sobrevivir humano exige  la continua muerte de los otros para robar cabezas.

            El elemento esencial de este cuento es la muerte asociada a  la crueldad exasperada en el simbolismo de una inhumanidad que ha sido planteada por el autor como un siniestro reinicio de irracionalismo perpetrado por seres supuestamente civilizados.

William Woodsworth afirmó que el trabajo de un poeta no es tratar las cosas como son sino como parecieran existir para los sentidos y las pasiones. Es lo que ha hecho precisamente, y de manera genial, el autor de Postdata con “Cabeza de ángel”.

En esta somera reseña de la cuentística de Paz, debe mencionarse “Antes de dormir”. Revela la conversación, idéntica a la de un matrimonio mal llevado al pelearse y reconciliarse que el narrador sostiene con el Tiempo. “Tú” y “ella”, ¿son lo mismo? Pero, ¿quiénes son ellas? ¿Quiénes somos nosotros? ¿Por qué existe el olvido para este escribiente al recordar a una y reconocer a la otra en “Carta a dos desconocidas”? En “Maravillas de la voluntad”, un hábito nimio de Don Pedro como saludar a los parroquianos cuando llega al café, sufre un trastocamiento. ¿Por qué se subvierte en el cuento la cotidianeidad para contagiarla con un odio vivificador? Porque la inclinación del escritor Paz es borrar los límites o la barrera existente entre un cuento convencional y una ficción simbólica, algo que es eminentemente post-moderno. Lo que emerge de estos receptáculos de infelicidad humana es una parábola objetiva no exenta de humor negro.

Paz se sitúa en la trayectoria de autores que consideran las realidades aparentes de una palabra o de ciertos hechos como una armadura que debemos romper a fin de que esta “prisionera de las apariencias” alcance la realidad absoluta oculta. “¿A qué horas se acaban las horas?”, pregunta, por ejemplo, el protagonista anónimo de “Visión del escribiente”. Y si en “Prisa” vivimos en un universo donde la conciencia del hombre moderno está encerrada, cada una, en su cárcel particular, ¿cuál es la prisa de andar con prisas? ¿O qué decir de la metáfora en “Un aprendizaje difícil” con una educación nada sentimental que tiende sus “trampas de la fe” para desenmascarar nuestras fútiles “borracheras de vanidad”? En verdad, ¿existirá una playa cubierta de “miradas”, “escamas resplandecientes” y ”caídas que arrastran” como la de “Lecho de Helechos”? ¿Por qué en su memorable cuento “La Higuera” todos somos higueras que estrangulamos “al niño que somos”? ¿Qué hacer con esa “petrificada carabela de jade” que nos brinda ilusión y nos promete todo tipo de esperanzas?  ¿Nos unimos a ella o la matamos? Y, ¿qué decir de aquel hombre cuando entra a su casa? En el instante de hacerlo, se ve salir. “Intrigado, decidí seguirme”, escribe Paz en “Encuentro”. Como el buen cuentista que es, desde esa primera frase intriga y atrapa la atención del lector.

Ciertamente, por sus méritos literarios y conciencia artística, todos los cuentos de Paz merecen una discusión más amplia. Y como en este ensayo no será posible, una mención al menos sobre las primeras líneas de un cuento magistral, “Mi vida con la ola”, relato marcado por la dualidad que penetra en el mundo de lo irreal como un pretexto para describir el devenir amoroso de una pareja.  Cito, “Cuando dejé aquel mar, una ola se adelantó entre todas. Era esbelta y ligera. A pesar de los gritos de las otras, que la detenían por el vestido flotante, se colgó de mi brazo y se fue conmigo saltando…” Las aventuras entre la ola y el narrador se suceden hasta descender en un laberinto surrealista donde la ficción se separa en dos planos tajantes, que explora por partida doble, la felicidad e infelicidad de una relación amorosa.

            Con este aparente onirismo surrealista, el autor sugiere en el ascenso y caída de la ola, que ésta posee un carácter intrínsicamente contradictorio para simbolizar la esencia no sólo de lo femenino, sino del amor mismo. La presencia del movimiento del mar, como también la de los juegos eróticos de la ola con peces y caracoles, sugiere el sexo en su sentido más primitivo. Obviamente, para Paz la poesía no es el mundo imaginario de una ola que literalmente salta del mar para acompañar al protagonista del cuento, sino la metáfora –pretexto- que dará , en su ascenso y descenso, el punto de arranque para revelarnos un secreto a voces; el juego erótico en el amor. en la mayoría de los casos, se acaba. Dicho de otro modo, si al principio el resplandor de la felicidad, el placer y la alegría reinan, el maldito Tiempo se encarga de corroer el juego pasional para tornar la atracción en un haz de atributos contradictorios y antagónicos de violencia, agresión y odio.

 

III

Como hemos visto, Paz no es un autor tradicional ni escribe tradicionalmente, pero es uno que se conmueve ante los esplendores del universo y la creación literaria. El rasgo más notable de su talento es la habilidad para contar historias a través de metáforas y simbolismos. En sus cuentos, los innumerables préstamos entre poesía y prosa están libres de cualquier tipo de atadura. La única dependencia gira en torno de lo que él crea en su imaginación y fantasía. No estoy sugiriendo que sean cuentos anarquistas -porque no lo son- pero sí anticonformistas, que exigen sin cesar una aspiración a lo translúcido. Reflexiones, memorias y sueños son las ventanas mágicas que permiten a sus narradores -seres que se buscan desesperadamente- asomarse a un mundo a veces místico, otras absurdo. Los verdaderos protagonistas de estos relatos son la palabra, sus sílabas, el tiempo, la niñez, el amor, la vida y la muerte.

En ¿Águila o Sol? Octavio Paz ha planteado el problema de la identidad y el de la libertad en el ser humano. Su condición de escritor permanece estrechamente ligada al destino poético del lenguaje. Dotados de una secreta cohesión, ambos destinos muestran una extraordinaria unidad.

No obstante haber sido Paz un poeta de inteligencia crítica que supo descubrir la cavidad detrás de la sonrisa, pocas personas como él han provocado, al mismo tiempo, tantos halagos e insultos.[14] Cierto, a Paz le disgustaban los tiranos, “ogros filantrópicos”, ujieres literarios, el populismo, las indoctrinaciones de cualquier índole y la literatura “light”. Sin embargo, para agravio de los politólogos equivocados, sus juicios y opiniones, hasta la fecha, permanecen en pie.

            El autor de El mono gramático poseía la autoridad de la erudición, aunada a una forma original de ejercer el manejo de la ironía y el sarcasmo.[15] Atacado por la grandeza de su obra, sufrió una envidia despiadada, provocadora de los más descarados plagios.

            En 2007 se celebraron los cincuenta años de la publicación de su poema esencial: Piedra de sol[16]. Un verso suyo en “Evocación de Mixcoac”, “Mi casa fueron mis palabras, mi tumba, el aire” nos recordará que el 19 de abril de 2008, se cumplirán diez años de su desaparición física.

Sirva su verso y una paráfrasis mía en referencia a Luis Buñuel[17], como una suerte de homenaje a nuestro mejor y más apasionante escritor:

Como cuentista, Octavio Paz “no es el primero ni el segundo. Es único”.

 

Ciudad de México, enero 28 de 2008.

 

 

Bibliografía de Octavio Paz

Selección

 

Obras de Octavio Paz:

·      ¿Águila o Sol? (1949-1950), Volumen Decimoprimero de los 15 volúmenes de las Obras Completas de Octavio Paz, Círculo de Lectores, FCE, México, 31 de marzo de 1997, 588 p., pp. 145-194. Las citas de este ensayo pertenecen a este libro.

·      ¿Águila o Sol? Edición Conmemorativa 50 Aniversario (1951-2001), Ilustraciones de Rufino Tamayo, FCE, México, 2001.

·      El Laberinto de la Soledad, FCE, México, 1950, 1959, 1963, 1964, 1967, 1968, 1969.

·      El laberinto de la soledad, FCE, México, 4ª. ed., 1964.

·      El laberinto de la soledad, Postdata, Vuelta a El laberinto de la soledad, FCE, México, 2004.

·      La Estación Violenta, FCE, México, 1958, 2003.

·      El Arco y la Lira, FCE, México, 1956-2006. Edición Facsimilar Conmemorativa del 50 Aniversario de esta obra (1956-2006), con cartas de Julio Cortázar y José Gaos y un Postfacio de Anthony Stanton.

·      Salamandra, (1958-1961), Mortiz, México, 1962.

·      Blanco, Mortiz, México, 1967, 1972.

·      Apariencia Desnuda, Ediciones Era, México, 1973.

·      Las peras del Olmo, Seix-Barral, Barcelona/Caracas/México, 1957, 1971, 1984, 1985.

·      Libertad Bajo Palabra (1931-1981), FCE, México, 1960, 1983.

·      El Ogro Filantrópico. Historia y Política (1971-1978), Mortiz, México, Febrero 1979, Mayo 1979.

·      Pasión Crítica, Seix-Barral, Barcelona, 1985.

·      Sombra de Obras, Seix-Barral, México, 1983.

·      El Signo y el Garabato, Mortiz, México, 1973.

·      El Mono Gramático, Seix-Barral, Barcelona/México, 1974.

·      Ladera Este, Hacia el comienzo, Blanco, Mortiz, México, 1969, 1970.

·      In/Mediaciones, Seix-Barral, Barcelona/Caracas/México, 1979.

·      “Poesía, Mito, Revolución”, Vuelta, México, 1989. Precedido por los discursos de François Mitterand, Alain Peyrefitte, Pierre Godefroy.

·      Postdata, Siglo veintiuno editores, México/Argentina/España, 1970.

·      Sor Juana Inés de la Cruz o Las Trampas de la Fe, FCE, México, 1982.

·      Discos Visuales, Dibujos de Vicente Rojo, Era, México, 1968.

·      Árbol Adentro, Seix-Barral, México, 1987.

·      Pequeña Crónica de Grandes Días, FCE, México, 1990.

·      La hija de Rappaccini, Arenas Movedizas, Alianza Cien, Portada de Leonora Carrington, México.

·      La hija de Rappaccini, Era, México, 1990.

·      La Llama Doble. Amor y erotismo, Seix Barral, México, 1993.

·      El camino de la pasión: López Velarde, Seix Barral, México, 2001.

·      “Estrella de Tres Puntas. André Breton y el surrealismo”, Vuelta, México, 1996.

·      Crónica trunca de días excepcionales, UNAM, México, 2007.

·      Claridad errante. Poesía y Prosa, FCE, México, 1996.

·      Postdata, Siglo XXI Editores, México, 10ª. ed., 1973.

·      Hombres en su siglo y otros ensayos, Seix Barral, México, 1984.

·      Xavier Villaurrutia en persona y en obra, FCE, México, 1978.

·      Luis Buñuel: el doble arco de la belleza y de la rebeldía, Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, Barcelona, 2000.

·      Itinerario, FCE, México, 1993.

·      Al paso, Seix-Barral, Barcelona/México, 1992.

·      Tiempo nublado, Seix-Barral, México, 1983.

·      Poemas (1935-1975), Seix barral, Barcelona, 1979.

·      Pasado en claro, FCE, México, 1975.

·      Los hijos del limo, Seix barral, Barcelona, 1974.

·      Puertas al campo, Seix barral, Barcelona, 1972.

·      Conjunciones y disyunciones, Mortiz, México, 1978.

·      Versiones y Diversiones, Mortiz, México, 1974.

·      Corriente alterna, Siglo veintiuno editores, México, 1967, 12ª. ed., 1979.

·      Vislumbres de la India, Seix Barral, México, 1985.

·      La otra voz. Poesía y Fin de siglo, Seix Barral, México, 1990.

·      Sueño en libertad, Escritos Políticos, Selección y prólogo de Yvon Grenier, Seix Barral, México, 2001.

·      Primeras Letras (1931-1943,) Selección, introducción y notas de E. M. Santí, Vuelta, México, 1988.

·      Cuadrivio, (Darío, López Velarde, Pessoa, Cernuda), Mortiz, México, 1965, 5ª. ed., 1980.

·      Un más allá erótico: Sade, Vuelta, México, 1993.

·      El amor en cuestión, Octavio Paz, en colaboración con Herbert Marcuse, Kostas Axelo, Edgar Morin y otros, Rodolfo Alonso Editor, Argentina, 1969.

·      Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo, Serie del Volador, Mortiz, México, 1966, 1969, 1972.

·      The Labyrinth of Solitude and other Writings, traducción del español por Lysander Kemp, Yara Milos y Rachel Phillips Belash, Grove Press, Nueva York, 1998.

 

 

Obras escogidas sobre Octavio Paz:

·      Rachel Phillips, Las Estaciones Poéticas de Octavio Paz, FCE, México/Madrid/Buenos Aires, 1972. Traducción del inglés de Tomás Segovia.

·      Ivan Ivask, The poetry and Prose of Octavio Paz, University of Oklahoma, 1973.

·      Roberto Hozven, Octavio Paz Viajero del Presente, El Colegio Nacional, México, 1994.

·      Horácio Costa, ¿Águila o Sol, Edición bilingüe portugués-español de ¿Águila o Sol? de Octavio Paz, FCE, México 2001.

·      Manuel Ulacia, El árbol milenario. Un recorrido por la obra de Octavio Paz, Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, 1999.

·      Eliot Weinberger, en colaboración con Elizabeth Bishop, Paul Blackburn, Lysander Kemp, Denise Levertov, John Frederick Nims y Charles Tomlinson, The Collected Poems of Octavio Paz (1957-1987). A New Direction Book, Nueva York, 1987.

·      Margarita Murillo González, Polaridad-Unidad, caminos hacia Octavio Paz, UNAM, México, 1987.

·      Hugo J. Verani, Bibliografía Crítica de Octavio Paz, (1931-1996), El Colegio Nacional, México, 1997.

·      Anthony Stanton, Las primeras voces del poeta Octavio Paz, (1931-1938), La Centena, Ediciones Sin Nombre, México, 2001.

·      David A. Brading, Octavio Paz y la poética de la historia mexicana, FCE, México, 2002.

·      Braulio Peralta, Diálogos con Octavio Paz, Grijalbo, México, 1996.

·      Lauro Acevedo, Árbol-Abril. Homenaje al poeta Octavio Paz, Ediciones Odra, 1998.

·      Marta Piña Zentella, Modelos geométricos en el ensayo de Octavio Paz, Praxis, México, 2002.

·      Luis Roberto Vera, Coatlicue en Paz. La imagen sitiada, Universidad de Puebla, México, 2003.

·      Kwon Tae Jung Kim, El elemento oriental en la poesía de Octavio Paz, Universidad de Guadalajara, México, 1989.

·      Alberto Ruy Sánchez, Una introducción a Octavio Paz, Mortiz, México, 1990.

·      Octavio Paz, A Celebration, Poemas de John Ashberry, Joseph Brodsky, Bei Dao, Richard Howard, Mark Strand y Octavio Paz, The Academy of American Poets/The Mexican Cultural Institute, 1994. Traducción Eliot Weinberger.

·      Octavio Paz. A Draft of Shadows, New Directions, New York, 1979. Traducciones de Elizabeth Bishop, Mark Strand y Eliot Weinberberger,

·      Pere Gimferrer, Lecturas de Octavio Paz, Anagrama, Barcelona, 1980.

·      “Las palabras son puentes. A Octavio Paz en sus ochenta años”, Vuelta, México, 1994.

·      Festejo: 80 años de Octavio Paz, El Tucán de Virginia, México, 1994. Presentación de Víctor Manuel Mendiola. Ensayos de Adolfo Castañón, Horácio Costa, Nedda G. de Anhalt, Víctor Manuel Mendiola, Eduardo Milán, Anthony Stanton, Danubio Torres Fierro, Manuel Ulacia y James Valender.

·      Octavio Paz,  Claridad Errante. Poesía y Prosa, FCE, México, 1996.

***

Cuentista, ensayista, crítica literaria y cinematográfica, Nedda G. de Anhalt, educada en la Universidad de La Habana, el Sarah Lawrence College de Nueva York y la Universidad de Las Américas en México- de donde obtuvo una Maestría en Estudios Latinoamericanos ha publicado: El correo del azar, El Banquete, Crítica Apasionada, Cuentos Inauditos (dibujos de Basia Batorska), A buena hora mangos verdes, Cine. La gran seducción (Portada y prólogo de José Luis Cuevas), Allá donde ves la neblina, Un acercamiento a la obra de Sergio Galindo, Rojo y naranja sobre rojo (Pintura de Severo Sarduy), Dile que pienso en ella, ¿Por qué Dreyfus? El ensayo de un crimen. Algunos cuentos y ensayos suyos han sido traducidos al alemán, inglés, italiano y hebreo. Su más reciente obra, Cuadernos del Exilio I (2006) obtuvo el Segundo Accésit del Premio Internacional de Poesía Eugenio Florit 2001. Durante años fue la secretaria del PEN Club de México y desde 2001 es su vicepresidenta.

 

 

 

 



[1] Octavio Paz (México 1914-México 1998)

[2] El Premio Cervantes 1981, el Alexis de Tocqueville 1989, el Nobel de literatura 1990, por mencionar sólo tres preseas entre los numerosos reconocimientos y honores que Paz recibió a lo largo de su trayectoria literaria y humanista.

[3] Thomas Stearns Eliot (1888-1965)

[4] Horacio Quiroga (1878-1937)

[5] Joseph Conrad (1857-1924)

[6] Francis Scout Fitzgerald (1896-1940)

[7] Charles Baudelaire (1821-1867)

[8] Henry James (1843-1916)

[9] Jorge Luis Borges (1899-1986)

[10] Marcel Proust (1871-1922)

[11] Nathaniel Hawthorne (1804-1864)

[12] Ver la diferencia que Octavio Paz establece entre miedo, terror y horror en “Xavier Villaurrutia, en persona y obra”, Ver Bibliografía.

[13] “El ramo azul”, gozó la fortuna de elegirse en antologías extranjeras. Incluso, se escenificó en Broadway, bajo la dirección de Sam Sheppard, en traducción al inglés de Eliot Weinberger. La obra duró meses y su estreno fue, posiblemente, en el último semestre de 1997 o a principios de 1998.

[14] Cabe recordar que, en 1984, al aceptar el Premio de los Libreros en Alemania, después del discurso que Paz pronunció en la Feria de Frankfurt pidiendo democracia para Nicaragua, a su regreso a México, la izquierda mexicana orquestó un bochornoso acto de repudio con la quema pública de su efigie en la Avenida Reforma.

[15] Su cáustica frase, “cortar el chocolate al loro”, pasó a la historia. Hace referencia a la equivocada decisión del entonces gobernador de Michoacán, Cuauhtémoc Cárdenas, de suspender, de súbito, cuando ya los ponentes estaban en marcha, un Congreso de Poetas a celebrarse en ese estado, durante la presidencia de José López Portillo. Al criticar ese desatino, Paz utilizó la parábola de una familia muy rica a la que le exigieron austeridad. Al reunirse sus miembros, la decisión fue unánime. No podían prescindir de sus carruajes ni caballos; tampoco de sus vestimentas, joyas, manteles, manjares, vajillas, vinos o cubiertos de oro. Entonces, el patriarca llegó a esta conclusión: cortar el chocolate al loro.

[16]Federico Amat escenificó en enero de 2008, en un teatro de Barcelona el maravilloso poema de Paz, Blanco.

[17] Octavio Paz, Luis Buñuel: el doble arco de la belleza y la rebeldía, Ver Bibliografía, (p.52).