EL LEGADO UNIVERSAL DE JORGE LUIS BORGES AL TERCER MILENIO

Nicolás E. Álvarez
Auburn University

La Historia de la literatura de hispanoamericana conjuntamente con la Historia de la literatura de española registran dos transformaciones literarias de fondo. La primera aconteció alrededor de los siglos XVI y XVII en la España renacentista y barroca dando lugar a la insigne literatura del llamado Siglo de Oro; la segunda se produjo en Hispanoamérica principalmente durante la segunda mitad del siglo XIX a propósito de las renovaciones literarias efectuadas por el movimiento modernista hispanoamericano. Propongo que somos testigos privilegiados de la tercera revolución de las letras hispánicas, la cual ha tenido lugar durante el siglo XX y de nuevo en Hispanoamérica. Esta revolución originó la poesía vanguardista de Borges, Huidobro, Vallejo, Lezama Lima, Neruda, verbigracia, mas primordialmente generó la narrativa experimental de la modernidad, la cual se denominara posteriormente en el ámbito de la América Hispana mediante el controvertible apelativo del Boom.  A la vanguardia del Boom y sentando paradigmas estéticos de validez universal se sitúan cuatro escritores excepcionales. Ellos son Jorge Luis Borges, Miguel Ángel Asturias, Juan Rulfo y Alejo Carpentier quienes generaron la eclosión de la modernidad en la narrativa hispanoamericana al publicar tempranamente sus obras alrededor de las décadas de los años cuarenta y cincuenta. Estos maestros obtuvieron plena consagración durante la década de los años sesenta a la sazón del auge internacional que cobrara la narrativa de la modernidad al producirse el fenómeno del susodicho Boom.

Hallándonos en los umbrales del tercer milenio de la era cristiana y con vistas al hecho de que ha poco hemos celebrado el centenario del natalicio de Jorge Luis Borges, corresponde intentar, con la obvia brevedad del caso, una evaluación del legado cultural y artístico de este escritor. Habiendo nacido el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires, Argentina, y fallecido el 14 de junio de 1986 en Ginebra, Suiza, Jorge Luis Borges alcanzó en vida la celebridad internacional de magno literato, de erudito de conocimientos arcanos, de vidente de ignotas dimensiones de la realidad, de sabio de mirífica humildad; en resumen, de ser un portento de la literatura y de la intelectualidad, fausto que el siglo XX podía ostentar para legarlo a la Historia de la Literatura.[1] Por demás, Borges pudo constatar en vida que sus conferencias, entrevistas y discursos eran celosamente codiciados y recopilados en libros y en revistas al paso que su obra era honrada en simposios y en congresos profesionales y analizada en seminarios académicos. Añádase que la obra literaria legada por Borges no ha cesado de compilarse en numerosas ediciones aparte de haber sido traducida a las principales lenguas europeas a la par que al árabe, al hebreo, al indonesio, al japonés y al persa.[2] El propio Borges tuvo el privilegio de cotejar incluso el texto de las ediciones de sus obras completas.[3] Igualmente tuvo la ocasión de examinar algunas de las traducciones de sus obras; sabemos al respecto que se involucró personalmente en la traducción inglesa, tras designar a Norman Thomas de Giovanni como su traductor oficial, con la finalidad de aminorar la comisión de los errores que se habían deslizado en ciertas traducciones de sus obras.[4]

En su calidad de catedrático de las literaturas británica y estadounidense y en consonancia con la incesante depuración a que solía someter sus textos, la intervención suya en la traducción inglesa resultó ser prácticamente exhaustiva al proceder a revisar los manuscritos palabra por palabra, sometiéndolos además a un renovado y minucioso análisis de su realización literaria; al punto que Borges incluso sugirió la posible superioridad de la versión inglesa sobre la versión original española. Indiquemos además que Borges alcanzó a conocer la existencia de centenares de fichas bibliográficas que ya habían recogido toda suerte de comentarios, reseñas, monografías y artículos acerca de su obra publicados alrededor del mundo.[5]  Agréguese que, pese al corto plazo que ha transcurrido desde su deceso, la vida de Borges ha sido objeto de importantes obras biográficas.[6] Mencionemos, por último, que Borges recibió doctorados honoris causa de prestigiosas universidades, incluyendo la Universidad de los Andes, Columbia University, Oxford y la Sorbonne; fue condecorado además por los gobiernos de Chile, Francia, Italia y el Perú, entre otros. Y recibió de España el Premio Cervantes (1979); entre incontables preseas y honores otorgados por diversos países e instituciones, incluyendo el Premio Alfonso Reyes (1973, México), Premio Jerusalén (1971, Israel), Premio Matarazzo Sobrinho (1970, Brasil) y el Premio Internacional Madonnina (1966, Italia).

Me propongo sugerir en esta evaluación la tesis de que la premisa fundamental del legado borgeano al tercer milenio reside en la convicción sustentada por Borges de que una libertad absoluta de pensamiento y ejecutoria habría de regir tanto su creación literaria como a su persona. Con vista a lo primero, no solemos detenernos a ponderar que la libertad de creación artística constituye una premisa insoslayable del arte; por más que sepamos que la creación artística ha estado regimentada en determinados casos por ideologías políticas y estéticas. Baste recordarse que la libertad de creación fue reprimida bajo el marxismo-leninismo soviético y que en su lugar se instituyó una severa reglamentación política que fue impuesta en su momento a la comunidad de escritores con la finalidad de que crearan el llamado realismo socialista.[7] Asimismo, la censura y la represión de la libertad de creación artística se constituyen en un elemento definidor del régimen marxista-leninista cubano, es así que las transgresiones a las directrices dictadas por los zares de la cultura cubana han asumido diversas sanciones; a saber, la prohibición oficial de publicación, la cesantía o separación de toda fuente de empleo, el brutal vejamen físico y sicológico, el alienante ostracismo social, el encarcelamiento e incluso el destierro permanente. La Revolución Cubana predicó desde sus inicios en la década de los años sesenta un feroz ánimo antiestadounidense, oponiéndole a ello su incondicional pleitesía en pro del marxismo soviético. Consecuentemente, intelectuales de renombre mundial tal es el caso de Jean Paul Sartre[8] y, en buena medida, diversos escritores hispanoamericanos del Boom se tornaron en leales panegiristas de la Revolución Cubana o en guerreros ideológicos del marxismo soviético. Anhelaban algunos de estos escritores latinoamericanos que la literatura se transformara en arma de combate y en propaganda marxista, acaso se imaginaban, equivocadamente sin embargo, ampararse para ello en la tradición cultural de Hispanoamérica, según la cual diferentes generaciones de intelectuales habían puesto tanto su literatura como su prestigio personal al servicio de justas y democráticas causas emancipadoras y sociales.[9]

Frente a tal ambiente filomarxista-leninista continental la obra literaria de Jorge Luis Borges constituía un desvío tanto más agraviante cuanto que obtenía el beneplácito e inclusive la prez a manos de intelectuales de relevancia mundial. Injuriaba que en vez de exaltar a Fidel Castro Ruz, por ejemplo, Borges se ocupara de Platón o de Nietzsche o de Shi Huang Ti, o de El coloquio de los pájaros, de la literatura persa. O que tuviera la osadía inaudita de ignorar casi a plenitud conjuntamente a la Revolución Cubana y a la intelectualidad hispanoamericana contemporánea suya.[10] Se había de denunciar la obra literaria de Borges por estar exenta de conciencia >humanista= o socialista y debíase condenarlo por sus opiniones políticas consideradas retrógradas e incompatibles para la comprometida ultraizquierda hispanoamericana.[11] No obstante, era de tal magnitud el prestigio alcanzado por Borges tanto en Europa como en los medios académicos de los Estados Unidos que algunos de sus más severos detractores hispanoamericanos optaron, en varios casos, por elogiar obsequiosamente y con actitud exclusivista la innovación de su prosa, acaso con la finalidad de paliar el prejuicio de estos ante el resto del arte borgeano, cuyo reconocimiento tal vez creyeron así poder eludir.[12] En suma, la convicción de Borges de gozar de pleno libre albedrío para formarse sus propios criterios estéticos, filosóficos, políticos, sociales, históricos y demás con absoluta autonomía personal y de que el arte debía de regirse conforme a una total libertad de creación lo eximió, en lo primero, de adoptar populares consignas políticas o rígidas líneas de partido provenientes de Cuba, de la Unión Soviética o de la China Comunista en tanto que le concedió, en lo segundo, juzgar que si bien su obra artística era heredera legítima de una milenaria tradición cultural--tanto oriental como occidental-- asimismo él tenía la potestad de crear dicha obra sin otra limitación que no fuera la impuesta por su genio creativo.

Acorde con su convicción sobre esa inalienable libertad estética, Borges revolucionó los géneros de la poesía, del ensayo y de la narración. Ello le permitió cuestionar, en sus bases, esa milenaria tradición cultural y literaria y proceder a contravenir diversas normas estéticas al uso con el propósito de trascenderlas mediante la libérrima impresión de su creatividad. Entiéndese entonces que transformara el género del ensayo en una especie de relato, al concederle un discurso narrativo sui generis a tono con su personal maestría narrativa. Borges logró incluso añadir suspenso a algunos de sus ensayos, cuyas conclusiones o, si se quiere, desenlaces lejos de finalizar el discurso con aseveraciones apodícticas normalmente tienden a sorprender al lector al plantearle hipótesis inusitadamente desconstructivas de la misma argumentación acabada de elaborar por él mismo a lo largo del ensayo. Huelga señalarse que con ello Borges se empeñaba en promover la libertad del lector de proponer sus propios argumentos y de generar sus propias conclusiones. Además solía revestir su ensayo de una temática tan desusada como lo era de consonante con su vasta erudición y procedía a someter dicha temática a la singularidad de su pensamiento. Le insuflaba generalmente a su ensayo una dimensión bibliográfica lata y desacostumbrada acorde con la densa intertextualidad inherente a su impar erudición. Y todo ello solía plasmarlo mediante una lógica de rigor matemático y dentro de un espacio literario óptimo, normalmente de suma brevedad. Consecuentemente, lo engarzaba en un prosa de eficacia única merced a su exactitud semántica tanto como a su adecuada metaforización. Borges creó así el género sui generis del ensayo-relato, cuya factura no han dejado de admirar los asombrados lectores.[13] A la ensayística, Borges le dedicó unos doce volúmenes; destaquemos únicamente Discusión (1932), Historia de la eternidad (1936), Otras inquisiciones (1952) y Nueve ensayos dantescos (1982).

Conjuntamente con la ensayística, la poesía borgeana muestra idéntica libertad de creatividad. A este género, Borges le dedicó alrededor de una docena de colecciones; empezando en la década de los años veinte con tres poemarios de impronta vanguardista--Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno de San Martín (1929)B, cuya vena vanguardista Borges se ocupó de atenuar radicalmente en versiones posteriores, muy castigadas,[14] y concluyendo con su poemario titulado Los conjurados de 1985. Borges innovó el lenguaje poético tanto como la forma poética al infundirle a un mismo poema, gracias a una textualización sobradamente sutil, dos y más niveles semánticos íntegramente autónomos y unitarios o al escribir poemas de rimas arduas y apenas concebibles como cuando en su poema titulado "El Golem," compilado en El otro, el mismo (1964), hace rimar `golem' con `Scholem', alusión ésta que resultará enigmática de desconocerse que Gershom Scholem, contemporáneo de Borges, era entonces un famoso especialista en la Cábala y, específicamente, había sido un singular reseñador de la leyenda hebraica del golem.[15] Cabe destacarse, verbigracia, el poema "Arte poética" de Borges cuya expresión despliega el predominio, simbólico, de los verbos en el modo infinitivo. El poema consta de siete cuartetos endecasilábicos, en cuya rima prevalecen los sustantivos, y en los que riman, sin excepción, todas las palabras finales de verso consigo mismas al repetirse éstas, conforme al esquema de rima ABBA. Y en los que, en fin, no tan sólo riman los finales de los versos, sino que también se analogizan algunos de sus comienzos mediante un procedimiento anafórico privativo. Por lo demás, este poema concierta una plétora semántica derivada de dos directrices básicas; una, filosófica general, la otra específicamente estética. Vale hacer notar que El Hacedor (1960), en cuya colección Borges recogió este manifiesto poético, consiste de la compilación de poesías junto a narraciones, ensayos, relatos, ensayo-relatos, parábolas y otras prosas de ardua clasificación.

Irreprimible y absoluta libertad de creación manifiesta la narrativa borgeana, particularmente la perteneciente a la segunda etapa de su narrativa. Conviene aclarar que hemos propuesto en otro lugar que la narrativa de Borges consta de tres etapas.[16] La primera fue de iniciación y se redujo a un sólo libro, Historia universal de la infamia (1935). La obra correspondiente a la segunda etapa narrativa propulsó el nombre de Borges a nivel internacional. Trátase de El jardín de senderos que se bifurcan (1941), Ficciones (1944, 1956), al cual el libro anterior se integró, y El Aleph (1949, 1952). Acotemos que, para nuestro gobierno, El jardín de senderos que se bifurcan marcó en 1941 la eclosión plena de la modernidad narrativa en las letras hispanoamericanas. La tercera etapa narrativa de Borges consiste de El informe de Brodie (1970), El libro de arena (1975) y La memoria de Shakespeare (1983). Valga acotar asimismo que estimamos que El informe de Brodie ha de considerarse la obra que inauguró, en 1970, la eclosión de la postmodernidad narrativa en las letras hispanoamericanas.

Aparte de ser cuentos de profundidad y proyección filosóficas, como se ha afirmado reductivamente y casi in toto de la narrativa borgeana,[17] trátase de un arte narrativo esencialmente neofantástico sentado en la gran tradición oriental de Chuang Tzu, de Liethsé, de Niu Chiao, de Saki, de Tsao Hsue-Kin, de Wu Ch`eng En y de Las mil y una noches; literatura neofantástica proveniente de Petronio, Don Juan Manuel, François Rabelais, Cervantes, Max Beerbohm, Leon Bloy, Thomas Carlyle, Lewiss Carroll, Jean Cocteau, Gilberth Chesterton, James Frazer, James Joyce, Rudyard Kipling, Guy de Maupassant, Giovanni Papini, Edgar Allan Poe, Franz Kafka, Manuel Swedenborg, H. George Wells, de entre tantos otros creadores de literatura fantástica que él leía asiduamente. Esta nómina no es gratuita, los escritores precitados fueron seleccionados por Borges e incluidos en su Antología de la literatura fantástica, que él publicó en 1940;[18] significativamente un año antes de que publicara El jardín de senderos que se bifurcan (1941), su primera colección de literatura neofantástica. El influjo que la literatura fantástica haya podido ejercer sobre la producción neofantástica borgeana está en espera de suficientes análisis.

Tocante a la historia narrativa per se, la cuentística borgeana creó con total libertad estética relatos neofantásticos que cuestionan, ironizan o desconstruyen múltiples premisas ya científicas, estéticas y filosóficas ya teológicas, históricas y humanísticas en las cuales tiene su fundamento la civilización occidental. Habremos de recordar al respecto algunos cuentos borgeanos. Inspirándose en la Teoría de la Relatividad propugnada por Albert Einstein, pero sin aludirlo de manera alguna, Borges no tuvo a menos desconstruir el tiempo y el espacio implantados por la física gravitacional de Isaac Newton, ello con la finalidad de proponer ficcionalmente, por su cuenta, infinitas dimensiones del espacio-tiempo, concepción ésta avalada con posterioridad por ciertas teorías de la física quántica. En otro texto, Borges se adelantó a sustentar de modo ficcional la realidad de un universo cerrado, curvo e ilimitado, universo éste que ulteriormente cobró teorización en la cosmología. Asimismo Borges puso en entredicho en otros cuentos la ingenuidad con que comúnmente se acepta la >verdad histórica= propuesta por autorizados historiadores; planteó, en cambio, el índole innatamente subjetiva que suele comprender todo juicio histórico y sugirió, en contraste, la veracidad que suele abrigar la >ficción=, la plasmada por él. Problematizó algún dogma religioso en uno de sus cuentos, mas se abstuvo de efectuar su desconstrucción. En otro, cuestionó la concepción cristiana del decurso lineal de la Historia y le opuso la circularidad sostenida por ciertas doctrinas. No cesó de cuestionar, con profundidad, a través de la segunda etapa de su narrativa, la identidad personal y le adicionó la existencia del doble y del triple. Recuérdese, en fin, que en otro de sus relatos Borges procedió a demoler con esmerado arte y erudición filosófica las bases ideológicas del fascismo nazista.[19] En resumen, la historia narrativa borgeana de la segunda y de la tercera etapas de su narrativa se caracteriza por la inalienable libertad de creación artística evidente en lo inusual de su temática así como en la originalidad desconstructiva y constructiva de su pensamiento e imaginación.

Con igual libertad de criterio, Borges rehizo el discurso narrativo mediante la introducción de trascendentales innovaciones atingentes a las técnicas de narración y de textualización. Baste aducirse dos ejemplos. Borges llevó a la culminación el recurso narrativo de la metaficción al crear nuevas categorías metaficcionales que aún se hallan ausentes de las teorizaciones elaboradas hasta el momento presente sobre este fenómeno.[20] "El tema del traidor y el héroe" (Ficciones) presenta nueve instancias individuales de metaficción, desde el anuncio de su tema desplegado en el título y la declaración de dos de sus fuentes primarias, basadas en Leibniz y en Chesterton, hasta el señalamiento del lugar y de la época que el narrador le asignará a la acción. Cabe indicarse que al analizar el discurso narrativo borgeano nos vimos precisados a crear nuevos conceptos narratológicos; en consecuencia, por ejemplo, el concepto que hubimos de denominar sincronía narrativa a fin de dar cuenta del hecho de que Borges procuraba que elementos de su discurso narrativo reflejaran la historia referida o vice-versa. Verbigracia, en "El muerto" (El Aleph) la temática de la usurpación personificada por el protagonista y su antagonista a nivel de la historia narrativa se ve correspondida a nivel del discurso narrativo cuando un narrador en primera persona usurpa la narración ya desarrollada por el narrador omnisciente inicial. En propiedad, Borges introdujo en su discurso narrativo copiosas técnicas de narración singularmente innovadoras que él implementó además de manera magistral creando, en consecuencia, un discurso narrativo inexistente hasta entonces en la narrativa universal.

Una de las características prominentes de la segunda etapa narrativa borgeana es la inclusión masiva de la intertextualidad. Intertextualidad masivamente erudita. Y erudición masivamente universal. Ejerciendo plena libertad intelectual, Borges leía con voracidad no tan sólo las obras canónicas universales sino las más arcanas, aquellas obras desahuciadas por la selección académica proveniente de la cultura lamentablemente masiva y convencional de muchas universidades. Se dedicaba a estudiar así obras teológicas sobre las herejías o se entregaba a documentarse sobre la reversibilidad o la irreversibilidad de la Historia. Consultaba asimismo obras mitográficas de recóndita procedencia, al punto que compiló El libro de los seres imaginarios (1967).[21] Asimismo, Borges gustó de leer obras matemáticas sobre los números transfinitos a la par que se enfrascaba en el análisis de la lógica matemática formulada por Bertrand Russell y Alfred Whitehead. Leyó, en fin, incontables obras filosóficas e históricas actualmente marginadas. Huelga decir que su lectura literaria abarcaba literaturas orientales y occidentales.[22] A sus sesenta y tres años de edad, Borges se inició en el estudio formal del extinto anglo-sajón, lo cual le permitió publicar su libro titulado Literaturas germánicas medievales (1978).[23]

En la base de la intertextualidad borgeana yacía el entendimiento de que la literatura forma parte de una continuidad secular y que de ésta aquélla se nutre ineludiblemente. El entendimiento de que todo texto literario reviste la reescritura de una serie de textos previos le indujo a Borges a valerse de esa intertextualidad de ámbito universal, reflejo de su universal erudición.[24] La intensidad y la amplitud ingente de esta intertextualidad reviste uno de los rasgos más significantes de la obra borgeana, lo cual obviamente redunda en la dificultad que suele ofrecer la lectura analítica de su texto. Viene a colación de la intertextualidad borgeana tal vez recordar su cuento titulado `Los teólogos= o "La escritura del dios" (El Aleph), este último de unas seis páginas de extensión, mas cuyo discurso narrativo envuelve un complejo de intertextos intrínsecos que incluye la Poética de Aristóteles, la República de Platón, la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, el Popol-Vuh, la Cábala, el panteísmo y la filosofía de Heráclito.[25] Cabe resumirse indicando que la intertextualidad borgeana se halla homogéneamente textualizada y siempre plasmada dentro de una unidad estética cohesiva.         En conclusión, si bien las innovaciones revolucionarias efectuadas por Borges en la literatura resultan de intratable emulación, como quiera que la genialidad tiende a ser irrepetible aun en los pormenores de superficie, Borges se convirtió en fuente perenne de influjo desde un principio para generaciones de escritores hispanoamericanos. Recordemos a este respecto a Reinaldo Arenas, a Guillermo Cabrera Infante, a Julio Cortázar, a José Donoso, a Carlos Fuentes, a Gabriel García Márquez, a Mario Vargas Llosa  Escritores estadounidenses del rango de Barth, Coover, Pynchon y Updike estudiaron y admiraron asimismo su obra. Agréguese a esto a los escritores europeos Michel Butor, Italo Calvino, Humberto Eco, Michel Foucault, Alain Robbe-Grillet y Claude Simon, entre otros. Concluyamos sugiriendo que en vista de la impracticable emulación que reviste la obra de Jorge Luis Borges su legado al tercer milenio de la era cristiana habrá de consistir en la pËemisa inconcusa de la plena e irrecusable libertad estética e individual. Este criterio le costó caro en lo personal a causa de enconados prejuicios de ideología política, prejuicios que le vedaron la consecusión del Premio Nóbel. Desde la vertiente estética, tal convicción de Borges le indujo a enfrentarse con loable valentía tanto a la milenaria tradición cultural e histórica cuanto a las normas estéticas vigentes entonces con la firme determinación de consumar la revolución que Jorge Luis Borges llevó a término en la Literatura y con ello trascender a la universalidad alcanzada exclusivamente por el exiguo número de escritores geniales que registra la Historia de la Literatura.

La bibliografía del Dr. Nicolás Emilio Álvarez dedicada a la obra de Jorge L. Borges contiene múltiples trabajos, incluyendo su libro Discurso e historia en la obra narrativa de Jorge Luis Borges. Su obra crítica abarca diversos géneros, habiendo publicado volúmenes tales como La obra literaria de Jorge Mañach y Análisis arquetípico, mítico y simbológico de Pedro Páramo. El Dr. Álvarez ha presentado numerosas ponencias en congresos nacionales e internacionales y ha dictado conferencias en varias universidades. Ha realizado investigación en la Biblioteca del Congreso de los EE.UU., la Biblioteca Pública de la Ciudad de Nueva York, la Biblioteca Nacional de España, el Instituto Caro y Cuervo, etc. Ha sido miembro directivo de varias revistas profesionales de los Estados Unidos y de México y Lector Consultante de Modern Language Association. En la actualidad el Dr. Álvarez es Profesor Emérito de Auburn University.



[1].   Véanse treinta y tres artículos evidenciales de la trascendencia de Borges en Jorge Luis Borges, ed. de Jaime Alazraki (Madrid: Taurus, 1976). Asimismo véanse recogidas diversas contribuciones de académicos norteamericanos al estudio de la obra borgeana en Prose for Borges (Evanston, Illinois: Northwestern University Press, 1972). Michel Berveiller dedicó un voluminoso estudio a indagar la erudición borgeana, a lo cual afirmó: "D`ores et déjà, l`excellence de Borges dans son ordre est suffisante pour que son oeuvre soit assurée d`une longue survie, et ce malgré la modestie de ses dimensions, malgré son confinement délibéré dans un espace purement littéraire et en dépit (ou à cause) de son inactualité volontaire" Le Cosmopolitisme de Jorge Luis Borges (Paris: Publications de la Sorbonne, 1973) 458. Por su parte, Roger Caillois comentó sobre la preeminencia de Borges: "L`importance et l`originalité de Jorge Luis Borges dans la littérature mondiale contemporaine sont désormais très largement reconnues," "Les thèmes fondamentaux de J.L. Borges," L`Herne (Paris, 1964): 211. Véase además 40 Inquisiciones sobre Borges, número especial de la Revista Iberoamericana 100-101 (1977): 1-756.

2.   Véase Carlos Roberto Morán, "Las voces de Borges. Diálogos, recuerdos, las obras completas," Revista Iberoamericana 151 (1990): 583-597. Publica aquí Morán los resultados de la compulsa internacional efectuada por la empresa EFE en 1988 acerca de la obra de Borges: "Jorge Luis Borges es el escritor en lengua castellana que más ha influido en la literatura universal del siglo XX, según especialistas de los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia y España" (597).   

[3].    Véase Jorge Luis Borges, Obras completas, Tomo I (Buenos Aires: Emecé, 1974); reeditado en 1989. El Tomo II apareció en 1989 en Buenos Aires, editado por Emecé. Anteriormente se había publicado Obras completas en colaboración (Buenos Aires: Emecé, 1979); reimpreso en Madrid por Alianza Editorial en 1981. La primera edición de las Obras completas constó de nueve tomos publicados en Buenos Aires por Emecé de 1953 a 1960. Esta edición obtuvo reimpresiones en 1958 y en 1965 y luego se imprimió en tres volúmenes en 1966. Conviene agregarse ante todo lo anterior que el texto borgeano todavía está en espera de ediciones críticas, anotadas y completas así como de indagaciones bibliográficas y de análisis filológicos. Véase mi estudio "Unas acotaciones al texto borgeano" Crítica Hispánica 17:2 (1995): 276-285.

[4].    Recordemos a colación la respuesta dada por Borges a la pregunta de si ")Habéis tenido la buena fortuna de ser bien traducido a todas las lenguas en las que se han publicado libros vuestros?": "No siempre. He tenido, digamos, algunas pequeñas dificultades, pequeñas molestias, al leer las traducciones inglesas y alemanas." El escritor y su obra: Entrevistas de Georges Charbonnier con Jorge Luis Borges, trad. Martí Soler (México: Siglo XXI, 1967) 7. Borges aclaró luego con su habitual modestia crítica: "En el caso de la traducción alemana, he visto deslizarse a veces pequeños errores" (8). Rafael Gutiérrez Girardot que estudió las causas de las inexactitudes cometidas en la versión alemana de la obra borgeana (Gesammelte Werke ed. Gisbert Haefs [Munich: Hanser, 1980-83; con reimpresión en 1987]) observó lo siguiente: "Such mistakes and stylistic aberrations filled Haefs`s edition." "Borges in Germany," Borges and His Successors: The Borgesian Impact on Literature and the Arts, ed. Edna Aizenberg (Columbia: University of Missouri Press, 1990) 76.

[5].    Véanse las bibliografías dedicadas a la obra borgeana de Jorge Becco, Jorge Luis Borges: Bibliografía total, 1923-1973 (Buenos Aires: Casa Pardo, 1973); Roberto L. Fiore, "Toward a Bibliography on Jorge Luis Borges (1923-1969)" The Cardinal Points of Borges, ed. Lowell Dunham e Ivar Ivask (Norman: University of Oklahoma Press, 1971) 83-105; David William Foster, Jorge Luis Borges: An Annotated Primary and Secondary Bibliography, introduction by Martin Stabb (New York: Garland, 1984).

[6].    Véanse las biografías de Marcos Ricardo Barnatán, Borges: Biografía total (Madrid: Ediciones Temas de Hoy, 1995); Robert L. Fiore, "Critical Studies on Jorge Luis Borges," Modern Fiction Studies 19 (1973): 475-480; Horacio Salas, Borges: Una biografía (Buenos Aires: Editorial Planeta, 1994); Emir Rodríguez Monegal, Borges por él mismo (Caracas: Monte Avila, 1980); ---. Jorge Luis Borges: A Literary Biography (New York: Dutton, 1978); Alejandro Vaccaro, Georgie (1899-1930): Una vida de Jorge Luis Borges (Buenos Aires: Editorial Proa, 1996); María Esther Vázquez, Borges: Esplendor y derrota (Barcelona: Tusquets Editores, 1996).

[7].    Véanse Lee Baxandall y Stefan Morawski, eds. Marx and Engels on Literature and Art (Saint Louis, Missouri: Telos Press, 1973); George Bisztray, Marxist models of literary realism (New York: Columbia Press, 1978); Herman Ermolaev, Soviet literary theories 1917-1934: the genesis of Socialist realism (New York: Octagon Books, 1977); Thomas Lahusen, How life writes the book: real socialism and socialist realism in Stalin`s Russia (Ithaca: New York: Cornell University Press, 1997); Vladimir Ilich Lenin, On Literature and Art

(Moscow: Progress Publishers, 1967); Georg Lukács, The Historical Novel (Boston: Beacon

Press, 1963) y Realism in Our Time (New York: Harper and Row, 1964); Raymond

Williams, Marxism and Literature (New York: Oxford University Press, 1977).

[8].    Sartre hizo público su testimonio en respaldo y admiración de la Revolución Cubana, a cuyo país visitó en 1960 acompañado de Simone de Beauvoir. Véase Jean Paul Sartre, Sartre on Cuba (1961; Westport, Conn.: Greenwood Press, 1974).

[9].    Jean Franco amplió este fenómeno particular para acoger a gran parte del arte hispanoamericano e insistiendo en su vínculo social: "An intense social concern has been the characteristic of Latin American art for the last hundred and fifty years. Literature--and even painting and music--have played a social role, with the artist acting as a guide, teacher and conscience of his country." The Modern Culture of Latin America: Society and the Artist revised ed. (Baltimore: Penguin Books, 1970) 11. Independientemente, Borges hubo de afirmar que la única obligación que habría de tener un escritor lo habría de ser para con su arte y que "no soy, ni he sido jamás, lo que antes se llamaba ... un predicador de fábulas y ahora un escritor comprometido. Mis cuentos ... quieren distraer y conmover y no persuadir.... No he disimulado nunca mis opiniones ... pero no he permitido que interfieran en mi obra literaria, salvo cuando me urgió la exaltación de la Guerra de los Seis Días." Jorge Luis Borges, Obras completas 1923-1972 (Buenos Aires: Emecé, 1974) 1021.

[10].   Hacia esto apunta el juicio del crítico peruano Luis Alberto Sánchez: "Su actitud literaria es una de las más altas, inexpugnables e impopulares de cuantas han existido en nuestra literatura." Escritores representativos de América, 2da. serie (Madrid: Gredos, 1964) 184.

[11].   Véanse María Luisa Bastos, Borges ante la crítica argentina, 1923-1960 (Buenos Aires: Hispamérica, 1974), esp. pp. 97-103 y 263-303; Mario Benedetti, Letras del continente mestizo (Montevideo: Arca, 1969); Emir Rodríguez Monegal, "Borges y la política," Revista Iberoamericana 100-101 (1977): 269-291.

[12].   Hagamos la salvedad de subrayar que a Carlos Fuentes débesele un temprano, certero y, a todas luces, sincero elogio de la prosa borgeana: "el sentido final de la prosa de Borges--sin la cual no habría, simplemente, moderna novela hispanoamericana--es atestiguar, primero, que Latinoamérica carece de lenguaje y, por ende, que debe constituirlo. Para hacerlo, Borges confunde todos los géneros ... crea un orden nuevo de exigencia y rigor ... una profunda revolución." La nueva novela hispanoamericana (México: Ed. Joaquín Mortiz, 1969) 26. Hemos estudiado asimismo la actitud negativa fundamental asumida por García Márquez ante la obra de Borges, remitimos al lector a AGabriel García Márzquez y Jorge Luis Borges: Intertextualidad y texto en Cien años de soledad,@ Círculo 29 (Noviembre 2000): 37-48. Tocante a una colección de variados textos severamente críticos o detractantes sobre Borges, el lector puede consultar el volumen titulado Contra Borges, compilación y estudio preliminar de Juan Fló (Buenos Aires: Editorial Galerna, 1978).

13.    Repásense especialmente los siguientes ensayos magistrales de Borges: "De las alegorías a las novelas," "El espejo de los enigmas," "La flor de Coleridge," "El sueño de Coleridge. Destácanse al respecto los ensayos borgeanos recopilados en Otras inquisiciones (1952): "Sobre Chesterton," "La muralla y los libros" y "La esfera de Pascal."

[14].   Pese a que en un principio Borges introdujo y propagó en la Argentina la estética vanguardista, sentada principalmente en movimientos tales como el cubismo, el expresionismo, el dadaísmo, el futurismo y el surrealismo, prontamente abjuró del vanguardismo. Véase el estudio de Thorpe Running, Borges` Ultraist Movement and its Poets (Lathrup Village, Michigan: International Book Publishers, 1981).

[15].   Apréciense en tal sentido los versos aludidos: "(El cabalista que ofició de numen/ A la vasta criatura apodó Golem;/ Estas verdades las refiere Scholem/ En un docto lugar de su volumen.)." Obras completas, Tomo I, obra citada, página 886.

[16].   Véanse las razones que aduzco en mi libro Discurso e historia en la obra narrativa de Jorge Luis Borges: Examen de Ficciones y El Aleph (Boulder: Colorado: Society of Spanish and Spanish-American Studies, 1998) 4.

[17].   Cabe citarse aquí la opinión de Mary Kinzie: "It is obvious that Borges is not a philosopher. But to call him by a lesser name fails to reproduce the cautious anachronism of a prose ouvre devoted almost entirely to a few metaphysical states." Prose for Borges, obra citada, 5. Otro tanto afirmó Ernesto Sábato: "Le cercle de Vienne soutint que la métaphysique est une branche de la littérature fantastique. Et cet aphorisme qui provoqua la fureur des philosophes devint la plate-forme littéraire de Borges." "Les deux Borges" L`Herne (Paris, 1964) 172.

[18].   Véase Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares, Antología de la literatura fantástica 8va. edición (1940, Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1992).

[19].   Todo esto lo hemos estudiado pormenorizadamente, mediante un análisis individual de cada uno de los textos recogidos en Ficciones y en El Aleph, en los capítulos segundo y tercero de Discurso e historia en la obra narrativa de Jorge Luis Borges, obra citada, a la cual remitimos al lector.

[20].   Señalemos al paso que la metaficción consiste primariamente en la creación de un texto literario en el cual se toma como materia prima tanto ya de su historia como de su discurso narrativo los propios elementos constitutivos de la creación literaria. Puede consultarse la teorización general de Patricia Waugh, Metafiction: The Theory and Practice of Self-conscious Fiction (London-New York: Methuen, 1984). Remitimos al lector a Discurso e historia en la obra narrativa de Jorge Luis Borges, obra citada, 49-53; 212-216, para todo lo concerniente a la metaficcionalidad borgeana.

[21].   Trátase de una segunda edición ampliada y publicada en español con la colaboración de Margarita Guerrero con el título de El libro de los seres imaginarios (Buenos Aires: Kier, 1967); la cual fue traducida al inglés, The Book of Imaginary Beings (New York: E.P. Dutton, 1969) y (London: Cape, 1970) y al japonés en 1974. La primera edición de este libro apareció con el título de Manual de Zoología Fantástica (México: Fondo de Cultura Económica, 1957). Esta primera edición fue traducida al italiano, Manuale di Zoologia Fantastica (Turín: Einaudi, 1962); al alemán, Eihorn. Sphinx und Salamander, Ein Handbuch der Phantastichem Zoologie (Munich: Hanser, 1964) y al francés, Manuel de Zoologie Fantastique (Paris: Juilliard, 1965).

[22].   André Maurois confirmó lo siguiente: "His sources are innumerable and unexpected. Borges has read everything and specially what nobody reads anymore: The Cabalists, the Alexandrine Greeks, Medieval philosophers." Preface to Jorge Luis Borges: Labyrinths, ed. Donald A. Yates and James E. Irby (New York: New Directions, 1962) ix.

[23].   Esta obra fue publicada, con la colaboración de María Esther Vázquez, en Buenos Aires por la editorial Emecé en 1978. La primera versión de este libro, escrita por Borges con la colaboración de Delia Ingenieros, se publicó con el título de Antiguas Literaturas Germánicas (México: Fondo de Cultura Económica, 1951).

[24].   Este aspecto prominente de la intertextualidad borgeana inscribe su obra dentro de la estética de la postmodernidad, como bien lo ha visto Blüher: "En el lugar de una aspiración a la innovación a cualquier precio coloca él la conciencia postmoderna que la literatura es siempre y sobre todo `reécriture' que enlaza con una tradición de textos ya dados y se desarrolla en un diálogo infinito con lo ya existente." Karl Alfred Blüher, "Postmodernidad e intertextualidad en la obra de Jorge Luis Borges," Jorge Luis Borges, eds. Karl Alfred Blüher y Alfonso de Toro (Franckfurt: Vervuert Verlag, 1992) 130.

[25].   Tuvimos ocasión de exponer y de analizar tales intertextos en el estudio que titulamos "Borges y Tzinacán" Revista Iberoamericana 127 (1984): 459-473.